¿Sabías que los madrileños del siglo XVII tenían la costumbre de despelotarse para bañarse desnudos en el río la noche de San Juan? ¿O que las paredes del Teatro Infanta Isabel podrían estar hechas con los huesos de las víctimas de un incendio de 1909? En esta ruta por Chueca y la calle Hortaleza, David Botello nos descubre los restos (dudosos) de San Valentín, la casa donde creció Victor Hugo y la misteriosa historia de la Casa de las Siete Chimeneas. ¡Dale al play y acompáñame!

1. Alonso Martínez
La ruta de hoy atraviesa el barrio de Chueca en horizontal, en vertical, en perpendicular y en bicicleta. Esta es la Plaza de Alonso Martínez, jurista y político. Hombre de confianza de Isabel II y Alfonso XII.
Si tiene una plaza y una estatua con un tocho en forma de libraco es porque se empeñó en sacar adelante nuestro primer Código Civil. Y lo sacó.
Y ¿qué tenemos en la ruta de hoy? Pues una flipada, para variar. Tenemos vidas amorosas de conquistadores, huesos de San Valentín, refugios de mujeres de mala vida, cadáveres en las paredes, picaderos de reyes, antiguas leproserías, asesinatos de presidentes… ¿P’a qué queremos más?
2. Museo de Historia Municipal
En la calle Fuencarral, 78, hay un Museo. El museo que más interesa a «El Punto sobre la Historia». El Museo de Historia Municipal. Allí nos espera el experto LUIS GARCÍA GÓMEZ, de la revista digital “Pasea por Madrid”.
El Museo de Historia Municipal de Madrid ocupa el edificio del Antiguo Hospicio de San Fernando. La portada churrigueresca, muy discutida en su tiempo. Estuvo a punto de ser destruida. El Hospicio se vio favorecido por la tutela que le proporcionó la reina Mariana de Austria, segunda esposa de Felipe IV.
Pero lo mejor que podemos ver aquí es lo que hay dentro y lo que hay dentro son los vestigios de cuáles eran las costumbres madrileñas, desde que se le ocurrió a Felipe venirse para acá en el XV, hasta la Segunda República.
Lo más bonito que tiene esto es la maqueta de Gil de Palacios, que cuenta cómo era Madrid en 1830, o sea, todo lo que cuenta Mesoneros Romanos. La maqueta tiene cerca de 20 metros cuadrados. Está hecha en madera de chopo, dura; eso no se rompe. Es preciosa.
Una de las costumbres madrileñas más curiosas y posiblemente desconocidas era la costumbre que tenía el madrileño de quitarse la ropa en cuanto podía. El pelote era una prenda de vestir de piel, de ahí viene lo de «pelote». Era un pequeño vestido de piel que utilizabas para moverte por casa. El «despelote» era cuando te la quitabas, lógicamente.
Hay un cuadro muy simpático de Félix Castello o Castelo. El hombre firmaba de las dos maneras Y cuenta cómo era la noche de San Juan. La gente tenía la costumbre de ir a bañarse al Manzanares. No se había inventado el bikini, no se había inventado el traje baño, entonces se bañaban desnudos. Y luego eso atraía a un montón de gente más, a verlos. Esta gente que no pertenecía a las capas más bajas participaba. Hay escenas en el cuadro en donde se ve a un señor bien caballero, a caballo, que lleva delante a una señora que no era de la nobleza y que se le había olvidado ponerse el vestido. Se ven muchísimas escenas de este tipo. Es curioso.
3. Victor Hugo
En la Calle Clavel, 3, vivió, cuando era niño, Victor Hugo, autor de “Los Miserables” y de “El Jorobado de NotreDame”. Aquí estaba el Palacio Masserano. José Bonaparte desahució a dueños y se lo regaló a su general más querido, Léopold Hugo.
Pues bien. Un buen día, la señora Hugo y sus tres hijos Huguitos, tras un viaje interminable por la España de la Guerra de la Independencia, se presentaron en Madrid. Sin avisar.
Al general Hugo no le gustó un pelo, entre otras cosas porque vivía con una amante napolitana que se había traído a Madrid. Estaba tan cabreado con su señora que pidió el divorcio.
Pepe Botella no quería escándalos, así que le dijo, de buen rollito, que se dejara de chorradas con su señora o le mandaba a darle explicaciones a Napoleón. Como comprenderéis, los Hugo fueron muy felices durante su estancia en Madrid.
Las obras de Víctor Hugo están llenas de recuerdos de la España que conoció cuando era niño, incluidas las corridas de toros, la calle Hortaleza y los desfiles de las tropas francesas por Madrid.
Cuando logramos echar a los franceses, Victor Hugo y su familia hicieron el petate y se volvieron a Francia, a seguir con sus cosillas. ¿Qué hubiera escrito si se hubiera quedado en Madrid? Mmmm… Quasimodo se hubiera llamado “Cañizares” y en lugar de “El Jorobado” habría sido “El Fastidiao”.
4. Asesinato de Prim
En la calle del Turco, hoy Marqués de Cubas, asesinaron a Prim, presidente del Consejo de Ministros. Hemos quedado con el mayor experto en el tema: PACO PÉREZ ABELLÁN
Juan Prim es una persona desgraciadamente hoy olvidada, un gran español, un gran catalán, un magnífico general. Un héroe que murió en un atentado terrible, muy bien organizado tanto la preparación anterior, la ejecución como luego también el maquillaje del crimen.
Vamos a ir por partes. Lo que nos han contado siempre era que a Prim, que era presidente del gobierno, le preparan una emboscada aquí en la calle del Turco, unos embozados le disparan y se lo llevan corriendo a su casa que está aquí detrás.
No todo el mundo el 27 de diciembre del año 1870 sabía en Madrid que Prim iba a ser asesinado. Fue una jornada muy fría, nevaba copiosamente, eran las primeras horas de la noche. Estaba aquí un aparato, un grupo de criminales de unos 10 o 12 sicarios con trabucos, dos coches para hacerle especie de sándwich y que no pudiera escapar y que fuera asesinado. Había otro dispositivo en cada uno de los itinerarios que podía coger; por ejemplo, si iba a su casa por otra calle también estarían esperándole en la esquina de Alcalá con Barquillo, y también si quería ir a cenar con la logia masónica a la que pertenecía en la calle Cedaceros, había otro tercer aparato.
A pesar de todo los sicarios fallaron, fallaron y él llegó vivo al Palacio de Buenavista donde residía, que está al lado de Cibeles. Prim no murió de los disparos aunque quedó perfectamente inconsciente, y tampoco murió de las heridas, que hubiera muerto desangrado, pero no le dieron tiempo. Cuando está en su lecho de dolor le apuñalaron por la espalda y finalmente fue estrangulado a lazo, probablemente por un sicario porque no moría. ¿Y por qué digo esto? Porque hicimos un trabajo con la ciencia del siglo XX sobre este misterio del siglo XIX que sin ninguna duda y de forma irrefutable dice: la momia de Prim nos cuenta que finalmente Prim es acuchillado y finalmente fue estrangulado a lazo.
En tres meses intentaron matar a Prim en varias ocasiones. La policía debería haber estado vigilando debido a que estaba amenazado y fue asesinado de forma impune porque efectivamente en todo el recorrido no hubo ningún tipo de vigilancia.
Todo el mundo quería matar a Prim porque Prim lo que quería era quitar a toda la oligarquía española, empezando por la dinastía Borbón, y luego colocar aquí a todos los que venían con Amadeo I de Saboya, a sus amigos, y ser él el que organizara absolutamente todo esto. Era el presidente del Consejo de Ministros y el ministro de la Guerra, de tal manera que tenía el poder legislativo y también el poder militar, y el general Serrano era el regente, es decir, el jefe del Estado. Él envidiaba que Prim tuviera el poder efectivo, había ahí una historia de celos, de oportunismo, de deseo de poder. Serrano ya había intentado en agosto anterior quitarle el poder a Prim, no lo había conseguido porque Prim acuarteló las tropas.
¿Quién le mató? Un sicario que le estranguló a lazo. ¿Quién era el responsable por activa o por pasiva? El general Serrano, que era el regente y que inmediatamente fue, a partir del momento en que Prim quedó inutilizado por las balas, al palacio de Buenavista y se hizo con todo el poder. El hecho de que tomara el poder inmediatamente de todo lo que pasó después y la forma en la que murió Prim le señala claramente.
5. Círculo de Bellas Artes
El Círculo de Bellas Artes se fundó en tiempos de Alfonso XII gracias a la iniciativa de un puñado de artistas. Madrid era una ciudad moderna y cosmopolita. Desde entonces, ha sido testigo y protagonista de la Historia de Madrid.
El Círculo fue creciendo sin sede fija. Hasta que, en los años ‘20, Alfonso XIII inauguró este edificio. Dicen que un jovencísimo Picasso venía aquí a aprender a pintar. Valle-Inclán, Sorolla, o Ramón y Cajal se dejaban ver por sus salones.
Jacinto Benavente y Carlos Arniches fueron directores del Círculo. Tomás Bretón interpretó aquí, al piano, los primeros compases de “La verbena de la paloma”, que acababa de componer.
Alfonso XIII venía muchas veces a almorzar en el comedor de invitados. La reina y las infantas venían a menudo a inaugurar exposiciones.
Durante la República, se alquiló el salón de Columnas para el concurso de Miss Europa. ¡Menudo escándalo!
Las primeras pruebas de emisión de la tele se hicieron aquí, en los años cuarenta.
Sus Bailes de Máscaras son antológicos. Y en la azotea podéis disfrutar de una de las vistas más espectaculares de Madrid.
Desde los años sesenta protege el edificio Minerva, la diosa romana de la sabiduría y el arte, la misma que está en el logo del Círculo. Mide seis metros de altura y pesa más de tres mil kilos. No preguntéis lo que costó subirla hasta allá arriba… ¡Un movidón!!!
6. Iglesia de San José
En Alcalá 43 está la Iglesia de San José. Aquí, cuando era el convento de San Hermenegildo, Lope de Vega cantó su primera misa después de ordenarse sacerdote. Eso no le impidió seguir ejerciendo de amante mientras el cuerpo se lo permitiera.
Dentro hay una placa que dice que aquí se casaron Simón Bolívar y su mujer Teresa, pero en realidad es un error. Se casaron aquí cerca, en la calle Gravina, un error causado por que las dos iglesias se llamaban igual: San José.
7. Teniente Ruiz
Esta es la Plaza del Rey, nombrada en honor de un tal Fernando VII. Aquí, un poco en medio, un poco retirada, está la estatutua del Teniente Ruíz. Aquí Ruiz, aquí unos amigos punteros. Este señor es un héroe del alzamiento contra los franceses del 2 de Mayo.
Ruíz estaba muy malito cuando empezó la movida, pero se levantó de la cama para reforzar las tropas en el Parque de Artillería de Monteleón. Le pegaron un tiro en un brazo. Siguió luchando. Le pegaron otro tiro por la espalda que le salió por el pecho. Siguió luchando hasta que se desvaneció. Se lo encontraron vivo de chiripa. Había sobrevivido al asalto de Monteleón.
Cuando estaba recuperándose, volvió a la lucha contra el francés, sin hacer ni caso su médico ni a sus amigos. Lo destinaron a Badajoz, pero no pudo legar, porque estaba tan malamente que murió de camino.
8. Casa de las 7 Chimeneas
Ese misterioso edificio es La Casa de las 7 Chimeneas. Nos va a contar un montón de cosas ROCÍO CÓRDOBA, investigadora e historiadora de Madrid.
La Casa de las Siete Chimeneas es uno de los edificios más geniales que tenemos en Chueca y uno de los más antiguos. Es un edificio que data del siglo XVI, de época de Felipe II. Había un señor que tenía todas estas tierras hasta que las adquiere Pedro de Ledesma. Este era secretario de Indias del rey, que aquí vivió con su familia, incluso su hijo, y son los que construyen esta casa.
Suceden los años hasta que llega un personaje importantísimo en el siglo XVIII que es el marqués de Esquilache, y Esquilache era ministro de Hacienda de Carlos III. El hombre venía con ideas así muy abiertas de Italia, y entonces aquí en Madrid hizo cosas estupendas: empedró calles, las iluminó, hizo la Casa de la Aduana, la Casa de Correos, etcétera. Tan abierta era su mente que dijo: «Vamos a ver si evitamos un poco que la gente se porte mal, porque aquí sabes que se lleva el sombrero de ala ancha y las capas largas, o todo el mundo oculto». Todo el mundo iba igual, pues era horrible, y Esquilache dijo: «Cortamos por lo sano: sombrero corto, capa corta, y aquí nadie esconde armas ni cosas raras».
Esto no le gusta mucho al pueblo de Madrid; hubo un motín, una revuelta muy gorda que se llama el motín de Esquilache, y dicen: «¿Qué hacemos? Pues vamos a matarlo, a cargarnos a Esquilache», al estilo habitual. Esquilache no estaba, afortunadamente para él, pero no importa porque se cargaron a su mayordomo y decidieron tirar todo lo que había dentro de la casa: los muebles, la ropa… en fin, se afanaron muy bien en esto y dijeron «Pues ahora la vamos a quemar». Y uno dijo: «No, que es de un español, y a los españoles no se les toca las casas». Pues menos mal, porque casi se la cargan entera. Así que bueno, Esquilache se tuvo que ir por patas; el hombre dijo: «Con todo lo que yo he hecho por Madrid y fíjate cómo me tratan».
Otra institución importante que lo habita ya en los años 30 es el Club Lyceum, que era un club femenino liderado ni más ni menos que por María de Maeztu, y que tuvo en inicio más de 100 socias: pintoras, poetisas, educadoras, historiadoras…. El único requisito que tenías que tener para entrar en este club era simplemente ser una mujer interesada en el mundo de la cultura.
Esto está fenomenal, pero a la gente lo que le gusta es la chicha de la leyenda. La leyenda dice que en época de Felipe II aquí vivió un capitán, el capitán Zapata, con su mujer Elena. El caso es que Elena y Felipe II parece que se conocían, y él es el que favorece este matrimonio, pero Felipe II manda al capitán Zapata un poco lejos ahí a luchar a Flandes y, ¡qué cosas!, fallece. Cosas que pasan en Flandes: si vas a Flandes ya sabes lo que te toca, puedes morir. Entonces Elena se dice que queda desolada, triste, rota, que va vagando por su casa sin consuelo, y una mañana aparece muerta. No se sabe quién ha sido el asesino; las malas lenguas empiezan a decir que posiblemente alguien de la corte enviado por Felipe II, si no el mismo Felipe II, podía haber metido mano aquí, aunque Felipe II siempre defendió por supuesto como rey su postura de que nanay, de que por favor, que el rey… él no había sido.
Aquí también aparece muerto el padre de Elena, que se ahorca (vivía con ella), y empiezan a aparecer los hechos y sucesos extraños. Afirman que por la noche se ve caminar por el tejado a cuatro aguas a una figura blanca iluminada por la luz de la luna, que solloza, que llora y que va caminando hacia el Palacio Real y señala hacia allí, ¿no? una cosa como ‘¿Dónde estará su asesino?’. Se puede decir que es Elena Zapata, pero lo interesante es que han aparecido cadáveres dentro de la casa… bueno, pues son unos esqueletitos un poco secos. Se dice que también unas monedas de época de Felipe II. ¿Y a quién pertenecerían? Eso nunca lo sabremos».
9. Hortaleza
En la calle de Hortaleza, antiguamente, había un lazareto. Un lugar donde se recluía a enfermos infecciosos, como leprosos. Nada menos. Y ya. En esta ruta no contamos nada más de la calle Hortaleza en general.
10. Iglesia de San Antón
En Hortaleza, 63, hay un sitio más colorido: una iglesia que, según la BBC, es el templo más cool del mundo. ¡San Antón! ¡La mítica iglesia de San Antón! Aquí vienen muchos fieles para que el Santo bendiga a sus animales. Pero, además, tiene wifi, abre las 24 horas y puedes tomarte un cafetito. Es muy trendy. ¡Uy, se me ha escapado otro anglicismo!
Pero el protagonista de verdad, de verdad, de este templo es nada más y nada menos que ¡San Valentín! Sí, amigos, el Santo Patrón de los enamorados. Y, ¿por qué un romano del siglo III se usa hoy para vender perfumes?, os preguntaréis.
A ver. Para contarlo bien, será mejor que empecemos por el principio. Valentín era un romano que vivía en tiempos de Claudio II. El emperador había prohibido casarse a los legionarios, porque pensaba que los solteros eran mucho más aguerridos en batalla que los casados. Pues bien, a pesar de la prohibición, Valentín les casaba en secreto. Cuando le pillaron, lo degollaron en Roma, un 14 de febrero.
Como tantos otros santos y mártires, los huesos de Valentín se encontraron en las catacumbas de Roma, allá por el siglo XVIII, minuto arriba, minuto abajo. Como en Roma no quedaba ni un hueco para venerarlos, el Papa los empaquetó junto con los de San Pantaleón y se los envió a Carlos IV, ojito.
La tradición que los huesos de Valentín están aquí dentro. Ahora bien… También hay huesos de San Valentín también en Italia, en Irlanda, en Calatayud, en Toro… O sea, o San Valentín tenía 8 piernas, 9 manos y 6 cabezas, o no me salen las cuentas…
11. Sede de UGT
En esta misma calle Hortaleza, un poco más arriba, en el 88, nos espera la periodista y presentadora ANA GARCÍA LOZANO.
Aquí había un convento que se inauguró en tiempos de Felipe IV. Era el Convento de Santa María Magdalena de la Penitencia. Eran monjas que se dedicaban a recoger a las mujeres descarriadas. Era uno de los varios conventos de Madrid dedicados a esto. Se les llamaba conventos de “arrecogías”. Prostitutas arrepentidas o no. Por lo general eran mujeres de mala vida que llegaban allí contra su voluntad, bien por instigación de los padres o algún otro familiar, incluidos maridos, o por resolución de las autoridades judiciales. También daba albergue a jovencitas embarazadas, víctimas de engaños o falsas promesas de casamiento y tras los muros de la Hermandad ocultaban su embarazo y pagaban su pecado. Ahora bien, una vez entradas allí, no podían salir más que para casarse o para tomar los hábitos.
Las monjas hacían la “Ronda del Pecado Mortal”: Una procesión que se paseaba por las calles más conflictivas por la tarde y la noche. Vestidas de riguroso hábito oscuro, a la luz de las antorchas.
La misión de la Ronda era sacar a las prostitutas de la calle, pedir limosna y disuadir a los posibles usuarios de los servicios de las damas. Cantaban a los hombres:
Presto torpe pasarás
de tus carnales contentos
a los eternos tormentos.
A finales del siglo XIX se reforma y se le pone este recubrimiento tan bonito de ladrillo visto.
El edificio ardió en 1936 y lo reconstruyeron en la posguerra. Funcionó como convento hasta 1974. Al abandonarlo el edificio quedó en ruinas. Aquí rodó Pedro Almodóvar el extraño convento de “Entre Tinieblas”. El sindicato U.G.T. lo compró y lo restauró en los años 80.
12. Teatro Infanta Isabel
Y, ahora, ¡vamos al teatro! Estamos en la puerta del magnífico Teatro Infanta Isabel, en la calle Barquillo, 24, uno de los más antiguos y hermosos de todo Madrid, y ahí dentro nos espera un hombre del Renacimiento: actor, hombre de teatro, productor, el gran EDUARDO ALDÁN.
Este es casi mi hábitat, ¿no? Porque yo trabajo en el teatro, soy un hombre de teatro, soy teatrero, la palabra que me encanta. Y este teatro, que es el Teatro Infanta Isabel, que tiene una historia alucinante, quizás de los más antiguos de Madrid, nos traslada directamente a casi hace 100 años, que es cuando este teatro se remodeló y se restauró. La madera está prácticamente igual, las vidrieras, con lo cual estar aquí es como estar dentro de un trocito de historia de Madrid.
Pero historia oscura también de Madrid. Te diría que aquí he trabajado un montón, he producido espectáculos, he dirigido y he actuado también, y puedo decirte que en este teatro hay fantasmas. No hablo de mí, hablo de fantasmas de verdad por los pasillos, por los camerinos… Sí, los teatros con historia suelen tener siempre un fantasma y este Teatro Infanta Isabel lo tiene. Y de verdad que doy fe de que pasan cosas extrañas. Hay un palco en concreto, el palco principal, donde la gente cree o siente que alguien le roza la espalda de vez en cuando y no quieren comprar ese palco. Antiguamente nunca estaba a la venta por ese motivo.
Este teatro se quemó, pero no solo este, muchos teatros de Madrid sufrieron incendios. Ten en cuenta que era madera, eso ardía como si fuese un polvorín y ardía a lo loco. Este se quemó, pero hubo otro teatro, el Novedades, que se quemó y dejó un montón de heridos y de muertos. Y eso es quizá parte de esa historia oscura de los teatros, que esas almas o ese drama del propio espacio queda impregnado para siempre y de alguna manera u otra sale a relucir con el tiempo. Porque me das un teatro y un fantasma, pues para qué quiero más, ya soy el hombre más feliz de la tierra.Muchos teatros de Madrid, la gente no lo sabe, pero no eran teatros desde su origen. Muchos fueron lugares de vodevil, algunos eran cabarets, otros eran lupanares y algunos eran cines. Y piensa que en aquella época las bobinas de celuloide ardían cosa mala, de ahí lo de los incendios. Se están abriendo lugares que incluso ya no eran teatro, se están remodelando como teatro y es una cosa guay porque estamos viviendo ese florecimiento. Parece un Broadway a la madrileña en el que hay musicales, teatro de comedia, todo tipo de géneros y también incluso el de terror. Esto nos viene muy bien a todos porque es cultura, el teatro es cultura y esto es cultura.
Extra
El Teatro Infanta Isabel tiene un largo historial de sucesos paranormales, tal y como aseguran los testimonios del personal que ha trabajado durante los últimos años en este emblemático edificio de Madrid.
A principios del siglo XX en el año 1909, hubo un terrible incendio que destruyó casi por completo el teatro, en el que murieron 66 personas, entre ellas dos de los integrantes de la compañía de variedades que actuaba esa noche: Don Santiago Rivas, director de la compañía y su hija Violeta de 6 años. Sus cadáveres jamás se hallaron.
Tras la reconstrucción del edificio, cuatro años después del incendio, algunos obreros encontraron entre los escombros restos de huesos humanos, y fue el propio arquitecto encargado del proyecto, Don Eladio Laredo Carranza, quien decidió que al no poder identificarse, y evitar que fuesen arrojados a una fosa común, se añadiesen a la masa con la que se levantaron algunas de las paredes del Infanta Isabel.