Una ruta para celebrar el primer viaje de Colón

Ya puedes escuchar el nuevo programa de La Historia en Ruta, de la Cadena Ser, en este enlace: La Historia en ruta

Desde 1892, España celebra su Fiesta Nacional el 12 de octubre, coincidiendo con el desembarco de Colón el la isla de Guanahaní. Un viaje que tuvo profundas consecuencias tanto para los que estaban allí como para los que estaban aquí. Porque Colón llegó a América y volvió para contarlo. Abrió una ruta que, hasta entonces, no existía.

Hay muy pocos momentos que hayan cambiado la Historia universal. Y aquel primer viaje de Colón es, sin ningún género de dudas, uno de ellos. Ya no había marcha atrás. El mundo, después de este viaje, había cambiado.

Para conmemorar esta aventura épica, apasionante y argonáutica, os proponemos una ruta por los lugares colombinos de Palos de la Frontera, Moguer y Huelva.

Conoceremos algún secreto y muchas anécdotas del monasterio de la Rábida, el jardín botánico Celestino Mutis, el muelle de las Tres Carabelas, la gesta del hidroavión Plus Ultra, la iglesia de San Jorge Mártir, los condenados a muerte que viajaron con Colón, la Casa Museo de Martín Alonso Pinzón y los hermanos Pinzones, la Casa Museo de Zenobia Camprobí y Juan Ramón Jiménez, el monasterio de Santa Clara y su relación con La Niña y el marinero Alonso Sánchez de Huelva, el piloto desconocido.

Además, las Mujeres en Ruta de Esther Sánchez, en la que nos habla de las primeras mujeres que viajaron a América.

¡Pero no solo eso! También contamos con la experiencia marinera de Quico Taronjí y la colaboración especial de Elvira Roca Barea, Carmen Abad, Alberto Maeso y Santi Villas.

Es la mejor manera de pasar el 12 de octubre. Si quieres acompañarnos, ¡súbete a la Historia!

Follones… del XIX. Carlos III

Nueva etapa de Leyending: La España de 1788. Carlos III

Carlos III es un señor con peluca que, en 1788, está de rey de España. Dicen que dice: “Primero Carlos que rey”, lo que le convierte en el primer ejemplo típico de Borbón campechano.
Antes de reinar en España, se hizo un Erasmus de veinticinco años en el trono de Nápoles, tan a gustito. Le sacaron de golpe de los placeres de Italia para suceder a su hermano, Fernando VI…
De Fernando heredó la corona, la política de reformas y unas cuentas del reino más bonitas que un sanluís. Vamos, que le tocó el Gordo.
Quería que en España se viviera mejor. Así que se trajo de Francia el espíritu de la ilustración, se rodeó de ministros gafapastas, tal que Floridablanca, Olavide o Campomanes, y se puso a reformar el país como si no hubiera un mañana. ¡Todo por el pueblo, pero sin el pueblo!
Al principio, se lo curró. Potenció la obra civil, renovó la Armada y la agricultura, fundó Correos y La Lotería, creó una ayuda para atender a las viudas y a los huérfanos de guerra, creó un plan de Estudios Universitarios en plan moderno y la “Escuela de Artes y Oficios” y se trajo de Nápoles la cultura de los Belenes…
Lo que pasa es que estaba como loco por devolver a España su lugar en el mundo, y se metió en más jaleos internacionales de los que convenían: que si los jaleos con Inglaterra, que si la guerra de los Siete Años entre Prusia y Austria, que si la guerra de Independencia de Estados Unidos…
Pero lo peor es que, para tener la fiesta en paz en casa, los grandes de España y los obispos le exigen que se deje de reformas y que se acuerde de qué hay de lo suyo.
Total, que entre unas cosas y otras, ha dejado tiritando el tesoro público, ha buscado el apoyo de los de siempre a cambio de sus privilegios y ahora estamos en tiempo de recortes presupuestarios.
Así que en 1788 España sigue estancada en el Antiguo Régimen. No es fácil acabar con la Inquisición o con los privilegios de la Iglesia y de la aristocracia, esas cositas que apestan todavía a Edad Media.
Por si fuera poco, las luchas por el poder del imperio de Carlos III están a la orden del día. Los aragoneses del conde de Aranda y los golillas de Floridablanca están que se matan.
Una herencia envenenada que dará mucho juego…

Nuevo canal de YouTube

Pues que he pensado que, mientras otros hacen running, yo voy a hacer leyending. Muy poco a poco, sin prisas pero sin pausas, os voy a ir leyendo el libraco “Follones, amoríos, sinrazones, enredos, trapicheos y otros tejemanejes del siglo XIX”.
Para empezar, una especie de prólogo que se titula “Para ir abriendo boca”, en el que cuento que… bueno, será mejor que lo veas y, ya si eso, que me cuentes a qué te suena…

Felices fiestas

Poner en marcha un proyecto como Esto es otra Historia requiere esfuerzo, sacrificio, trabajo y un equipo humano con mucho talento, muchas ganas de dejarse la piel y mucha paciencia para aguantar el frío, la tensión y las jornadas tan largas.

Como dijo un hombre sabio, el mejor compañero de viaje es el que quiere acompañarte.

Y os aseguro que el resultado merece la pena.

¡Gracias, compañeros!

¡Y felices fiestas a todos!

Es que soy madrileño…

Mi amigo Goyo G. Maestro me ha hecho una entrevista para La Razón en la que hemos hablado de Historia, de divulgación, de humor, del nuevo proyecto en Telemadrid, de lo divino y de lo humano.

Viendo que igual me preguntaba por el tema del momento, me preparé esta respuesta. Me ha quedado tan apañada que me gustaría compartirla con todos vosotros… Esto es lo que tengo que decir del tema de Cataluña.

Es que soy madrileño, y como todo el mundo sabe, Madrid es de todo el mundo; Madrid es de quien se viene a vivir aquí, y todo el que vive aquí acaba siendo de Madrid.

En Madrid hablamos un lenguaje tejido a golpe de fusión con retales del español que se habla en todos los rincones del mundo. Aquí juramos por la gloria de mi mare, llamamos pibes a los amigotes, nos quedamos to picuetos y nos encanta el pantumaca. Y no se nos caen los anillos.

La Cibeles era griega, y se vino a vivir Madrid para acabar siendo la diosa más castiza.

El chotis era escocés, y se vino a vivir a Madrid para acabar siendo el compás más bailongo de nuestras verbenas.

Arniches era de Alicante, y se vino a vivir a Madrid para acabar siendo el inventor de la gramática de majos, chulapos y manolos.

Sabina es de Úbeda, y se vino a vivir a Madrid para acabar siendo el poeta que mejor ha entendido la esencia de lo madrileño.

No se puede ser más madrileño que Almodóvar, que nació en Calzada de Calatrava; que Zidane, que nació en Marsella; o que el Cholo Simeone, que nació en Buenos Aires.

Y no puedo evitar llevar este sentimiento madrileño, abierto y sin fronteras vaya donde vaya. Me he sentido americano en Nueva York, musulmán en Estambul, impresionista en París, más papista que el papa en la Capilla Sixtina y, en el gueto de Venecia, sefardí. Paseando por las Ramblas me he sentido catalán. Me gusta sentirme del lugar en donde estoy, igual que me gusta que la gente se sienta en Madrid como si estuviera en casa.

Pensaba que vivíamos en la Europa de los Erasmus, los vuelos low cost y las multinacionales. Que el proyecto integrador de Europa seguiría creciendo. Que la unión hace la fuerza. Que juntos somos mejores. Porque estoy convencido de que, si queremos seguir el ritmo que se está marcando a nuestras espaldas en el Océano Pacífico, entre Estados Unidos, Rusia y los gigantes asiáticos, más nos vale dejar de mirarnos el ombligo, ponernos las pilas y empezar a trabajar juntos para seguir haciendo grandes cosas.

Por eso, como nací en Madrid por accidente, elijo ser madrileño, aletimadrileño, LaLatinamadrileño, telemadrileño, tricantinomadrileño, castellanomadrileño, hispanomadrileño, euromadrileño, orbietorbemadrileño, madrileño practicante, de vocación y de oficio, y no entiendo de banderas, ni de fronteras, ni de nacionalismos. Soy más de tender puentes, de derribar muros, de acabar con las líneas divisorias y de seguir la senda del mestizaje, la fusión, el eclecticismo y la integración, que es un camino que siempre enriquece, construye, tira p’alante y da muchas alegrías, que ya nos van haciendo mucha falta.

 

Como sé que Goyo no va a poder publicar esta respuesta completa, os la voy avanzando hasta que salga la entrevista y os la comparta del todo.

Gracias, Madrid ;D

Ya tenemos libro nuevo

Os presento el libro El Punto sobre la Historia. Madrid

Madrid es un lugar cargado de historias. La ciudad está llena de puntos que nos gustaría que descubrieras. Coge el libro y sal a pasear, recorre estas diez rutas que te proponemos, levanta la vista y déjate llevar. Busca las estatuas, los cafés, las calles, los palacios, los parques, los rincones, los nombres, los detalles. Pero, sobre todo, disfruta del pasado de Madrid. Estamos seguros de que te sorprenderás, entenderás mejor esta ciudad de locos y descubrirás que la Historia es un punto.

Otro pasito en este camino por la Historia.

EPH Quevedo vs Góngora: más rivalidad que en un Madrid – Barça


El escritor, investigador y divulgador Jesús Callejo nos cuenta un montón de detalles sobre uno de los piques más famosos del Siglo de Oro, el particular “derbi” que jugaron Góngora y Quevedo, dos archienemigos históricos comparables a Batman y Joker o a Superman y Lex Luthor.

La enemistad surgió en Valladolid, cuando Felipe III (¿o fue el duque de Lerma?) trasladó allí la Corte. Góngora ya era un señor hecho y derecho y había ganado ya la gloria literaria. Para que os hagáis una idea, cuando publicó su primer poema, Quevedo era un tierno bebé de un añito. Vamos, que a su lado, era un pipiolín. ¡Pero ojo cuidao con el pipiolín!

Quevedo estaba intentando hacerse un hueco en la vidilla literaria de la época. Si quería triunfar, necesitaba llamar la atención. Y lo típico del momento era que los jóvenes y los mediocres trolearan a los consagrados, esperando que les respondieran. Si manejáis alguna red social ya sabéis de lo que hablamos. Nada nuevo bajo el sol.

A estas alturas ya os podéis imaginar que Quevedo tiró de su afilada pluma y se cebó con Góngora. Y lo consiguió. No solo llamó la atención, sino que Góngora le siguió el rollo. Los dos escritores empezaron a insultarse. Todo el rato. Eso sí, se insultaban con mucho arte. ¡Cómo se las gastaban! Góngora solía referirse a Quevedo como “Francisco de qué bebo”, por su desmedida afición a la bebida. Quevedo le recordaba sus orígenes conversos y le escribió:

Yo te untaré mis versos con tocino / para que no me los muerdas, Gongorilla. / Perro de los ingenios de Castilla, / docto en pullas, cual mozo de camino”.

El final de Góngora no fue digno de un gran escritor. Dilapidó gran parte de su fortuna en el juego y tuvo que vender su casa. Se fue a vivir de alquiler a una vivienda miserable. En cuanto se enteró Quevedo, compró la vivienda con Góngora dentro, para darse el gusto de cobrarle el alquiler. Aprovechó el primer impago para desahuciarle. Llegó a personificarse para limpiar la vivienda y desinfectarla. Llamó a ese proceso “desgongorización”. Que hay que tener mala sangre… Hala, ya lo sabéis. Si en Madrid no hay una placa que dice “Góngora vivió y murió aquí” es por culpa de Quevedo. El pobre Góngora tuvo que marcharse a su Córdoba natal para morir arruinado y abandonado.

Y, para colmo, Quevedo nos cae mucho mejor que Góngora. ¿Será posible?

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