¿Sabías que Felipe III pudo haber sido la primera víctima documentada del protocolo? ¿O que la hija del escritor Larra organizó la primera gran estafa piramidal de España engañando a miles de madrileños? En esta ruta por el corazón del Madrid de los Austrias, David Botello nos lleva desde la Plaza Mayor hasta la Plaza de la Villa para desenterrar los secretos de las posadas de la Cava Baja, las malas costumbres nocturnas de Quevedo y los misterios del bandolero Luis Candelas. ¡Dale al play y acompáñame!

1. Plaza Mayor
Esto es la Plaza Mayor. Por si había alguna duda. Dirige la orquesta el tipo de la estatua, Felipe III. Vamos a hablar del Madrid de los Austrias. ¿Qué sabemos de ellos? ¿A qué dedican el tiempo libre?
La casa de Austria aparece en 1504, cuando muere Isabel la Católica y deja la corona de Castilla sobre la cabeza de su hija Juana la Loca, casada con Felipe el Hermoso. Después vinieron Carlos I, Felipe II, Felipe III, Felipe IV y Carlos II.
Felipe, 4 – Carlos, 2. Cuando la casca Carlos II, se monta la de Dios y llega otra dinastía. Los Borbones. Que todavía siguen por aquí…
Hoy vamos a conocer el Madrid imperial de los Austrias. El poder, la sangre, el oro. Y también la tontería, la memez y la majadería. Que no se diga que vamos de guays.
Las farolas que cuentan la historia de la Plaza Mayor
Felipe II mandó remodelar la antigua plaza del Arrabal. Felipe III la acabó después de llevarse la Corte a Valladolid y volver a Madrid. Los primeros edificios fueron la Casa de la Panadería y la Casa de la Carnicería.
Panadería y Carnicería. Fundamentales para hacerse un pepito de ternera. Esta Plaza ha visto coronaciones de reyes, canonizaciones, quema de herejes, corridas de toros, dos tíos en bicicleta hablando a una cámara…
Pero ahora dejemos que hablen las farolas. Bueno, si las oís hablar, cambiad de pastillas o acudid a urgencias. Las farolas cuentan la historia a través de relieves. Podemos ver el “juego de cañas”, que eran antiguas corridas de toros. Y aquí, el incendio que asoló la Plaza y que la convirtió en cenizas. La Plaza sirvió de patíbulo de la Inquisición. También conoció el temido garrote vil, que se utilizó hasta 1974. Hasta antes de ayer, vamos.
2. Arco de Cuchilleros
Este es el Arco de Cuchilleros, llamado así por el Gremio de Cuchilleros. Para no despistar. En toda Europa se decía de los cuchilleros madrileños que “no había entre los de su oficio quien pudiera mirarles frente a frente como a iguales». Si los miras de lado, igual se mosquean.
3. Verja del Púlpito
A este pequeño púlpito se subió el Fraile Antonio el 2 de mayo de 1808 para arengar al pueblo contra los franceses. Aunque parece que esto forma más parte de la leyenda del 2 de mayo que de la realidad…
4. Estatua de Felipe III. El caballo carnívoro.
Durante la II república, alguien que tenía manía a los reyes metió una bomba en la boca del caballo. Cuando explotó, la plaza se llenó… ¡de huesos de pajarillos! Los conspiranoicos defienden que este misterio es culpa de los reptilianos conchabados con la RENFE y Los Cantores de Hispalis. Dicen ellos… Aunque, sencillamente, los pajarillos se posaban en la boca del animal, entraban queriendo o sin querer y ya no había forma de salir de allí dentro.
5. La muerte por protocolo de Felipe III.
Y ahora conozcamos la muerte de otro pájaro. Felipe III. La primera muerte por protocolo de la historia. Vais a flipar. Sobre todo, porque nos lo cuenta la actriz MARTA BELENGUER.
Felipe III de España, llamado «el Piadoso», fue rey de España y Portugal desde 1598 hasta su muerte. Se le conocía como el piadoso porque rezaba nueve rosarios al día, uno por cada mes que Jesucristo pasó en el vientre de su madre.
Felipe III no brilló por su inteligencia ni por su valía. Su padre, Felipe II, ya lo vio venir, porque dijo: “El cielo, que tantos dominios me ha dado, me ha negado un hijo capaz de gobernarlos”.
El Alcázar de Madrid, en el que vivía nuestro monarca, era un edificio enorme, imponente y frío, muy frío. Según un rumor el rey falleció por culpa del excesivo protocolo de la corte española. Un buen día, el rey estaba solo, pomposamente sentado frente a una chimenea en la que ardía una gran cantidad de leña. Estaba tan cerca y había tanta leña que el rey empezó a sofocarse. Pero su obsesión por el protocolo y la etiqueta no le permitía apagar el fuego, ni quejarse, ni levantarse para llamar a nadie. Por fin, pasó por allí un marqués, posiblemente el de Tovar. El marqués se dio cuenta de lo mal que lo estaba pasando el rey. Como era un lince, comentó que, ya si eso, igual era bueno bajar el fuego, o separar al rey.
Lamentablemente, entre sus funciones no estaba encargarse del brasero. El protocolo establecía que estas cosas le correspondían al duque de Uceda. Pero, oh, destino esquivo, el duque había salido, y cuando se le buscó, no había manera de encontrarle. Las llamas, ahí, a lo suyo, continuaban aumentando. El rey, para no disminuir en nada su majestad, tuvo que aguantar el calor cada vez más fuerte. Cuando por fin apareció el duque de Uceda y bajó el fuego, el rey ya estaba empapado en sudor.
Esa misma noche, según este rumor, las fiebres acabaron con la vida de Felipe III, que, de ser cierta esta historia, habría sido la primera víctima mortal del protocolo.
6. Mercado de San Miguel
Estamos en el Mercado de San Miguel. Lo creáis o no, aquí fue bautizado nada menos que LOPE DE VEGA. No en la sección de bautizos del Mercado, sino en la Iglesia Miguel de Octoes, que estaba en este lugar. Hoy al Mercado de San Miguel ya no se viene solo a comprar. Se viene a comer, beber y a dejarse ver.
7. Curvatura de la Cava
Os preguntaréis, ¿por qué las casas de la Cava tienen curvatura? La calle ocupa uno de los fosos que defendían a la ciudad. Se curvan porque las casas funcionan como muro de contención de carga de la Plaza Mayor. Esta es una de esas cosas que mola saber.
8. Posadas de la Cava Baja
Las cavas conservan perfectamente el ambiente medieval de Madrid. Pero sin peste, escorbuto y viruela, ¿eh? Que quede claro. Vamos a la Cava Baja. Y nos lo cuenta un tipo muy alto: FERNANDO ROMAY.
En los siglos XV al XIX esta era una zona de artesanos: Toneros, esparteros, cordeleros, toneleros…
Esta zona era también el lugar de llegada de viajeros modestos, labradores y recaderos.
Todas las posadas humildes estaban en esta zona de la Cava Baja.
Tenían nombres preciosos, como la de las Ánimas, la de Vulcano, la del Pavo Real, La del Navío del Gallo, la del Dragón…
La más emblemática es El León de Oro, debido a que era el emblema de la casa real de Castilla.
¡Los servicios que ofrecían no eran como los de hoy en un hotel! Eso sí. Seguro que entonces también se robaba algo como hacemos hoy con los botecitos de champú.
En estas casas se trataban los precios del trigo y del vino, y se negociaba el valor de las caballerías…
Era tal el trajín de viajeros que las compañías de postas y diligencias decidieron establecer las paradas de sus carruajes en la Cava baja.
9. Instituto San Isidro
Este es el Instituto San Isidro. Existe gracias a que a los jesuitas les tocó la lotería. La emperatriz María de Austria, hija de Carlos V, dejó toda su herencia a los jesuitas de Madrid y ese fue el inicio del Instituto. Por estas aulas han pasado Lope de Vega, Quevedo, Calderón de la Barca, Góngora, Pio Baroja, Jacinto Benavente o Vicente Aleixandre… ¿No molaría imaginar a aquellos tipos en sus años de instituto?
10. Baldomera Larra
Nuestro amigo, artista y actor multimedia MIGUEL ÁNGEL AIJÓN nos habla de ¡la primera estafa Piramidal de España!
La estafa piramidal consiste en que se va escuchando de boca en boca una inversión maravillosa en la que en muy poco tiempo consigues unos pingües beneficios. No existe una inversión real. Los gestores dan el dinero de los nuevos a los antiguos “inversores”, quedándose siempre con una buena parte. Luego, la pirámide se derrumba.
La pionera fue una madrileña de finales del siglo XIX: Doña Baldomera Larra, hija del escritor Mariano José de Larra.
Baldomera e hijos estaba en situación precaria. Tuvo que acudir a prestamistas y alumbró su idea. Pidió prestado a una vecina una onza de oro, con la promesa de doblarle la cantidad al cabo de un mes y. Lo consiguió.
Fundó su caja de imposiciones en un pequeño local de calle de los Madrazo Los madrileños llegaron a llamarla “La Madre de Los pobres”. Tuvo que mudarse a un local más grande en la Calle de La Paja.
Llegó a recaudar 22 millones de reales y los afectados fueron 5.000. Llegó la quiebra. Valle-Inclán la sitúa huyendo en un barco rumbo a Inglaterra.
Dos años después se la detuvo y condenó a 6 años de prisión. Cuando se le preguntaba en qué consistía su negocio ella se limitaba a contestar: «Es tan simple como el huevo de Colón». Y si le preguntaban cuál era la garantía de la Caja de imposiciones en caso de quiebra, contestaba impertérrita: «¿Garantía?, una sola: El Viaducto.
11. Puerta Cerrada
Las autoridades medievales de Madrid ordenaron cerrar esta puerta de la muralla porque tenía recovecos perfectos para ladrones. ¡Como el Código Penal! En una pared podemos leer: «Fui sobre agua edificada. Mis muros de fuego son». ¡¿Pero esto qué é lo que é?!
El mural hace referencia al nacimiento de Madrid. Agua, de la que hay mucha, y piedra sílex para construir. Cuando la ciudad era atacada, las flechas chocaban contra la muralla produciendo chispas, de ahí la frase «mis muros de fuego son».
12. Luis Candelas
Nos desviamos un poco hacia el Palacio de Santa Cruz. Aquí estuvo encarcelado el bandolero Luis Candelas. Y aquí nos espera RAMÓN SOLO, RAMONCÍN. Que lo sabe todo sobre él…
Luis Candelas estuvo preso en la cárcel de la Villa. Aquí ayudó a escapar a un liberal y, desde entonces, ya no quisieron indultarle. Murió ejecutado, recordando que no tenía las manos manchadas de sangre. Dicen que su cuerpo fue colgado de un gancho de la puerta de Toledo, que se conservó durante muchos años, hasta que Tierno Galván lo restauró y se lo cargó.
13. Calle del Rollo
Y ahora vamos, con los corazones henchidos, ¡a la Calle del Rollo!
Como os imagináis, la cantidad de chistes que se nos han ocurrido al respecto es inmensa. Los «rollos» eran columnas de piedra con una cruz de hierro en lo alto. Servían para todo menos para rezar
En las columnas se exponían los restos de los ejecutados, manos, cabezas. Para dar ejemplo. Para los ajusticiados, el ejemplo llegaba ya algo tarde.
14. La Casa de la Parra
Esta calle tiene una casa que también tiene su guasa. La Casa de la Parra. Aquí vivía el director de los “Estudios de la Villa”, Juan López de Hoyos. López de Hoyos decidió expulsar al tipo que robaba uvas de la parra. Y, según la leyenda, el tipo era un tal Miguel de Cervantes. ¿Cómo te quedas?
– As usual, to picueto. ¿Qué opinará de esto nuestro hispanista japonés Matsuro Kunosho?
15. Casa del Cordón. Antonio Pérez
Aquí estuvieron las casas del Cordón donde vivió el secretario de Felipe II Antonio Pérez. Un malo de película. Quería aprovecharse de Don Juan de Austria, hermanastro del rey y héroe de la Batalla de Lepanto. Antonio Pérez se hizo falso colegui y le colocó un espía, Juan de Escobedo, Secretario de Hacienda. Perooooo el espía traicionó a Pérez. Iba a contarlo todo. ¿Qué creéis que pasó cuando Pérez se enteró?
Pues que Escobedo sufrió un pequeño accidente de estos de “se ha suicidado dándose a si mismo 48 puñaladas”. De esto que dices…mm, algo raro ha pasado ahí…
Antonio Pérez acabó huyendo a Inglaterra y se pasó el resto de su vida haciendo daño a España. Por ello le dedicamos desde aquí una pedorreta.
16. Calle del Codo. Quevedo, el meón
Vamos a la Calle del Codo para hablar con otro de nuestros expertos. MANU DEL MORAL. Director de comunicación de La Librería, editorial especializada en Madrid.
Se llama así porque tiene la forma de un codo, Fue uno de los puntos favoritos de los malhechores para cometer sus fechorías.
Ha permanecido casi intacta con el paso del tiempo. Sus muros esconden secretos de rufianes y buscavidas, cortesanos y espadachines.
Según cuentan las crónicas de la época, uno de sus transeúntes más ilustres fue Francisco Quevedo, quien adoptó la insana costumbre de orinar en esta callejuela siempre que volvía de la parranda, siempre en el mismo portal.
Las autoridades pusieron cruces en los lugares susceptibles de ser lugar de alivio urinario, algo muy efectivo porque a nadie se le ocurriría orinar delante de una cruz.
Una inscripción que decía “Donde hay una cruz no se orina” ni corto ni perezoso Quevedo escribió en la pared otra inscripción que decía: “y donde se orina no se ponen cruces”.
17. Plaza de la Villa
Acabamos nuestra ruta por el Madrid de los Austrias en La Plaza de la Villa, el centro de la vida ciudadana desde el siglo XV. Esta es la Torre de los Lujanes. Es el edificio civil más antiguo de Madrid y prisión de reyes. ¡No te digo ná!
Al otro lado tenemos la Casa de Cisneros. No la del poderoso Cardenal Cisneros, del que os hablaremos otro día, sino la de su sobrino. No es mala choza ¿verdad?
Y siempre es un honor estar junto a un héroe. El gran almirante Álvaro de Bazán. Un héroe del que os hablaremos otro día pero que os adelantamos que fue ¡el artífice de la victoria de la Batalla de Lepanto!
Ya veis que Madrid es un punto. El punto de encuentro para todas nuestras historias.