¿Sabías que la Puerta de Alcalá sirvió de inspiración para la Puerta de Brandemburgo? ¿O que cachearon a Casanova nada más llegar a Madrid? En esta ruta, David Botello te lleva a recorrer el corazón de la capital, desde la icónica Puerta de Alcalá hasta la majestuosidad del Palacio Real, desenterrando los salseos, anécdotas y secretos mejor guardados de la historia de Madrid. ¡Acompáñame en esta ruta!
1. La Puerta de Alcalá
La construyó Carlos III. Bueno, que no fue él, que fue Sabatini. Y, como diríamos de un traje de Armani… “es un diseño italiano”. En su momento fue la mejor puerta de Europa. Tanto, que sirvió de inspiración para otras muchas puertas que ni os imagináis… Otras grandes Puertas inspiradas en la Puerta de Alcalá fueron la Puerta de Brandemburgo de Berlín. El Arco de Triunfo de París. Y el Arco de Washington Square en Nueva York.
Por esta puerta entraron en Madrid grandes personajes. Durante el reinado de Carlos III, lo hizo un tipo veneciano, ligón y algo fantasma que se llamaba Giaccomo Casanova. Vino a España a estudiar las costumbres de los españoles. O más bien de las españolas.
Al llegar a la Puerta de Alcalá fue cacheado por los guardias en busca de dos cosas: estupefacientes y lo máááááás peligroso: libros. Llevaba una ejemplar de “La Ilíada” de Homero y una cajita de rapé, que le vaciaron sin más dilación. Y el libro, se lo confiscaron, por supuesto. Él mismo cuenta este episodio en su biografía, que no tiene desperdicio. Entre otras lindezas, afirma que se acostó con 132 mujeres…
2. Cibeles
La Diosa Cibeles era la personificación de la Fertilidad. No todo el mundo sabe que era la madre del Rey Midas, aquel que lo convertía todo el oro. Tenía que ser un niño rarísimo.
3. Instituto Cervantes
Por lo que se ve, a la sede del Instituto Cervantes, que pilla de camino, se le ha llamado la casa de “¡Joder, qué puerta!”.
4. Antonio López y la Gran Vía
La famosa isleta de la Gran Vía es famosa porque la inmortalizó nuestro admirado Antonio López. Se venía todos los días, de 6 a 6 y 20 de la mañana, DURANTE 7 VERANOS. La luz necesaria duraba solo 20 minutos. ¡Y solo en verano! 7 años, pasito a pasito, para hacer una obra maestra. Lo más sorprendente es que Antonio López es un gran tímido. Y llevaba fatal lo de ponerse a trabajar aquí, en plena calle. Seguro que más de una vez le tocó aguantar a algún que otro plasta.
5. La Gran Vía
La Gran Vía… La inauguración de esta avenida supuso para Madrid pasar de “Villa” a “Gran Ciudad Europea”. Pero no fue fácil. En 1910, se inauguraron las obras con una fiesta que fue un no parar. En el evento, ya os podéis imaginar, estaban todos los figurones de Madrid.
El rey Alfonso XIII y señora, la reina Victoria Eugenia; la reina madre María Cristina, las infantas Isabel (la Chata) y María Teresa. El presidente Canalejas, el alcalde Francos Rodríguez, varios ex alcaldes… Vamos, el Tato no vino porque ese día había quedao. Para no perder la costumbre patria, había más autoridades que obreros.
No, si a la foto se apunta todo el mundo. A coger el pico y la pala… ya menos… Bueno, que Alfonso XIII, para DAR ejemplo, cogió una piqueta de plata y se lanzó a DAR golpes a una pared para, de esta manera, DAR por inauguradas las obras.
Y, ya que se ponían, entre unas cosas y otras, la Gran Vía empezó con más agujeros que una fábrica de rosquillas. En la reforma, acabaron demoliendo 312 edificios. Así, por sanear.
6. Teresa Montalvo
Esta es la historia de uno de estos edificios que desaparecieron durante la reformita. Un remanso de placeres ocultos. Un nidito de amor. Un palacete monísimo. Un picadero, para entendernos, en el que se refugiaban Teresa Montalvo y José Bonaparte…
Vamos a demostrar que eran amantes secretos. Y eran tan secretos porque él era un rey. José Bonaparte, el hermano de Napoleón, al que cariñosamente llamábamos Pepe Botella, pese a que no probaba ni gota de alcohol. O Rey Plazuelas, por su afición a tirar edificios y abrir plazas por todo Madrid. Aquí, como veremos, recibió de su propia medicina.
Ella era su churri. Teresa Montalvo, un bellezón cubano, la afligida viuda del Conde de Jaruco. Aquí, en este tramo de la Gran Vía, el rey le puso un pisito, o un palacete, que para eso era rey, y hacía visitas de estado a Tere colándose por la puerta de atrás. Para que nadie le viera.
No se han conservado las actas de las reuniones secretas de Tere y Pepe. Pero ya os digo yo que es poco probable que allí dentro se hablara de política fiscal. Lo que también sabemos es que, a pesar de las atenciones que le procuraba su amante secreto, A Teresa le dio por morirse antes que el rey. Una pena.
Y así ponemos fin a esta triste historia de amor. Chimpón.
7. Café de Fornos
El café de Fornos cerró en 1908. En la época de los grandes cafés… este era uno de los más grandes. ¡Solo en la Puerta del Sol había 14 cafés funcionando a la vez!
Aquí, en esta esquinita donde ahora hay otro café más multinacional, estaba el Café de Fornos. El garito de moda al que acudían las estrellas de la época. El PHOTOCALL del Fornos sería tal que así: reyes, como Amadeo I o Alfonso XII, que se codeaban con flamencos y mujeres de “dudosa reputación”. Escritores, como Bécquer, Azorín o Antonio Machado. ¡Aquí, Pio Baroja conoció a Unamuno! Poco más tarde, escribió de él que, en las tertulias, Unamuno era un pesado que agarraba a cualquiera, le acogotaba, le ataba de pies y manos y le convertía en oyente mudo. Vamos, que no le cayó muy bien.
Por aquí pasaron los toreros Lagartijo y Frascuelo. Artistas como Zuloaga. Las mujeres más elegantes “del todo Madrid”, que es como se decía entonces. ¡Y la mismísima MATA-HARI!
Era un lugar de elegantes tertulias, pero también se dice que en los bajos hubo fiestas que duraron 8 días. ¿Eh, chavalitos y chavalitas? ¡Que os pensáis que lo habéis inventado todo vosotros! Pero el personaje más importante que pisó este café no era artista. Ni siquiera era humano. Era el Perro Paco.
8. El Perro Paco
El Perro Paco fue el animal más popular de Madrid. Más que el oso del madroño. Un perro callejero que aparecía día sí y día no en la prensa de los años 1880. Asistía a teatros y tertulias. Era cariñosamente cuidado por todo Madrid. Aparecía en canciones y obras de teatro. Había refranes y frases hechas. Se decía “este tío sabe más que el Perro Paco”. Era una leyenda…
Una triste tarde, Paco estaba en la Plaza de Toros, saltó al ruedo a ladrar al morlaco. El torero se mosqueó y le dio una estocada al pobre Paco. El torero, que los tenía cuadraos, tuvo que salir por piernas porque Madrid entero lo quería linchar. El pobre Paco pasó unos años disecado en una taberna y su rastro se pierde para la Historia.
9. Café de la Montaña
Hoy este lugar es la tienda de una conocida marca de aparatillos, pero no siempre fue así. En esta esquina de la Puerta del Sol estaba, hasta hace muy poco tiempo, el Hotel Paguís, un hotel tgemendamente paguisino inaugugado en tiempos de Alfonso XII. Pego vamos a centgagnos en lo que había a sus pies.
El Café de la Montaña era conocido por sus elegantes tertulias y por el “Incidente Vallé Inclán”. Las informaciones son algo confusas. Parece que el escritor don Ramón María del Valle Inclán ha sufrido una agresión por parte del periodista Manuel Bueno.
Un testigo nos contó que: «Todo ha pasado muy rápido. De repente he oído un escándalo y he visto a Valle Inclán gritando y a Manuel Bueno con el bastón, ahí, dándole a lo bestia. Parece que Valle Inclán le ha llamado “majadero”. Y, el otro, calentito, le ha metido con el bastón en el brazo, con tan mala suerte que, por lo que he escuchado, se le ha clavado un gemelo en la muñeca y ahora la infección hace temer por la integridad de su brazo».
Tras este incidente, Valle Inclán pasa a formar parte, junto a Cervantes, del selecto grupo de escritores mancos. Despedimos la conexión. En cuanto otro escritor pierda un brazo, volveremos a entrar en Directo.
10. Estatua de Carlos III
Carlos III, el mejor alcalde de Madrid. El rey que trajo a Madrid el espíritu de la ilustración… Pero, ¿quién era Carlos III? Era el tercer hijo de Felipe V que llegó a reinar. Ya os hablaremos de su madre, Isabel de Farnesio, que era de armas tomar. A Carlos le sacaron de Nápoles, donde llevaba 25 años reinando tan a gustito, para suceder a su hermano, Fernando VI… Dicen que estuvo rezando por la salud de su hermano, porque no quería el trono de España ni en pintura. Pues, hala, ¿no querías caldo? El caso es que aterrizó en Madrid con su señora, María Amalia de Sajonia, y su prole de napolitanitos.
Dos años después de llegar al trono, a María Amalia le dio por morirse. “Pobrecilla. En veintidós años de matrimonio, es el primer disgusto serio que me da”. Ya hemos visto que trajo la Ilustración y los Belenes y que fue el mejor alcalde de Madrid. Dicen que decía: “Primero Carlos que rey”. Vamos, que es el primer ejemplo de típico Borbón campechano.
Eso sí, trajo la Ilustración, fue el mejor alcalde de Madrid y todo eso, pero ¡¡¡nos dejó en el trono a Carlos IV, uno de los peores reyes de nuestra historia!!! ¡Ya te vale, Carlos III, vaya regalito!
11. El Diablo de la Casa de Correos
CARLOS SOBERA nos cuenta la historia del Diablo de la Casa de Correos
En 1768, durante el reinado de Carlos III, se construyó este edificio para ser la Casa de Correos. Pero ya en las obras los obreros decían que se aparecía Satanás. Les movía las cosas de sitio y les deshacía el trabajo. Los obreros se negaban a trabajar, porque sus contratos no incluían alternar con seres sobrenaturales. El Diablo insistía en que no les dejaría en paz hasta que el constructor francés Jacques Marquet se largara y se encargara el curro a un español. A ser posible, Ventura Rodríguez, que era el que había empezado el proyecto.
Hay quien dice que el diablo no paró hasta que no echaron al franchute. Pero lo cierto es que Marquet, que era más listo que el hambre, pagó a un sacerdote para hiciera un exorcismo al Satanás antifrancés. Después de esto, las obras continuaran con normalidad.
12. Calle Arenal
Nos movemos sobre el lecho de un antiguo arroyo llamado “El Arenal”, que se llamaba así porque estaba sobre un arenal, un terreno lleno de arena. Y, bendita casualidad, así se llama la calle Arenal. También es casualidad.
13. Estatua Isabel II (Plaza Opera)
MIGUEL ÁNGEL ALMODÓVAR nos habla cuenta quién fue Isabel II. Reinó entre Fernando VII (su padre) y la I República. Cuando todavía vivía, se produjo la Restauración, pero el rey fue Alfonso XII (su hijo), no ella. Un personaje algo extraño del que podríamos hablar hasta el martes que viene. Galdós la llamó “la de los tristes destinos”. Valle Inclán dijo que su corte era “la corte de los milagros”.
A los 16 años se casó con su primo Francisco de Asís de Borbón. Un hombre poco interesado en las relaciones heterosexuales. Parece ser que cuando le dijeron que se iba a casar con su primo, dijo: “Antes de casarme con Paquita, abdico o me pego un tiro”. Fiel a su palabra de reina, se casó.
Llamaba a su marido “Paquita”. Son palabras de la reina, nosotros ni quitamos ni ponemos. Atención a las palabras que dijo la misma reina: “¿Qué podía esperar de un hombre que en la noche de bodas llevaba más encajes que yo?”. Los madrileños, que eran y son muy de guasa, le llamaban “Paco Natillas”. Y le sacaron unos versos:
Paquito Natillas es de pasta flora
y orina en cuclillas como una señora.
Ninguno de sus ONCE hijos fue de Francisco de Asís. A la Chata, algunos la llamaban Araneja, porque decían que era hija de un tal Ruiz de Arana.
Tres de las infantas (Pilar, Paz y Eulalia) eran hijas de un tal Miguel Tenorio.
De Alfonso XII se dice que era hijo de un tal Puig Moltó, que empezó de Guarda de Corps y acabó de vizconde, nada menos. Cuando nació Alfonso y dispararon las salvas que lo anunciaban, el pueblo de Madrid lo celebró gritando: “¡Ha nacido el Puigmoltejo!”.
Un día, Isabel le dijo a su hijo Alfonsito: “Lo que tienes de Borbón, lo tienes por mí”.
María Cristina le dijo a Paquito: “No te mereces el lecho ni el amor de mi hija”. Francisco de Asís le dijo: “Quédate tranquila. No comparto ni lo uno ni lo otro”.
14. Monumento a Felipe IV
Y al loro con la estatua de Felipe IV. Una de las mejores estatuas ecuestres del mundo. Parece ser que, para hacer este caballo, el mismísimo Velázquez se estuvo carteando con el mismísimo Galileo Galilei. ¡Vaya par de mismísimos! Dos, para ser más exactos. El hombre que demostró que la Tierra giraba alrededor del Sol, nada menos, hizo los cálculos de peso para que este caballo se sujetara sobre sus dos patas traseras. Fue la primera vez que se logró es hazaña. Y nosotros que no podemos montar un mueble de Ikea
15. El sueño de la Farnesio
En ningún lugar del mundo hay más estatuas de reyes por metro cuadrado. Son los reyes de la monarquía hispana. Y, según cuenta la leyenda (ojo, que solo es una leyenda), están aquí por culpa de una pesadilla. Su lugar previsto eran las cornisas del palacio. Pero la reina Isabel de Farnesio, la madre de Carlos III, soñó que un terremoto las tiraba y la aplastaban. Por la mañana se levantó y las desterró aquí abajo, donde no pueden hacer daño, aunque quieran.
16. Palacio Real
Acabamos esta etapa junto al legendario Palacio Real. ¿Cómo sabemos que es real? ¡Pues porque está aquí, es de piedra y lo puedes tocar!
El primer rey que vivió aquí fue Carlos III (¡otra vez él!), que entró por la puerta grande. Y el último rey que vivió aquí fue Alfonso XIII, que salió por piernas por la ventana.
