¿Sabías que uno de los leones del Congreso de los Diputados no tiene testículos? ¿O que el Lhardy, además de servir su mítico cocido, fue el lugar donde Isabel II se olvidó la faja mientras comía callos? En esta ruta, David Botello pasea por la emblemática Calle Mayor y sus alrededores para contarte historias de corrupción , anarquistas, princesas tuertas y el auténtico origen de la Virgen de la Almudena. ¡Dale al play y acompáñalo a descubrir el Madrid más asombroso!

En nuestra ruta histórica por Madrid hoy atravesamos el centro por la Calle Mayor. Una calle tradicionalmente ocupada por antiguos gremios profesionales: esparteros, bordadores, coloreros, botoneras, cuchilleros, joyeros, manguiteros, ¿qué será un manguitero, tío?
1. Catedral de la Almundena
Estamos en la catedral de la Almudena.Aquí sigue enterrada Mª de las Mercedes, malograda esposa de Alfonso XII dondevastristedeti. Mª de las Mercedes NO está enterrada en la cripta, sino bajo el altar de la virgen, en la catedral.
La típica historia: Príncipe de España se casa con Princesa de Orleans; rey de España y Reina de España viven felices y Reina de España la palma de tifus a los 18 años. Lo típico, ya veis. La muerte de María de las Mercedes podría entrar en el libro Guinness ya que con ella murieron 26 nombres más. María de las Mercedes Isabel Francisca de Asís Antonia Luisa Fernanda Felipa Amalia Cristina Francisca de Paula Ramona Rita Cayetana Manuela Juana Josefa Joaquina Ana Rafaela Filomena Teremarsa de la Santísima Trinidad Milla Gaspara Melchora Baltasara de Todos los Santos de Orleans y Borbón.
2. Virgen de la Almudena
La imagen histórica que veneramos los madrileños se quemó en algún momento del reinado de Enrique IV. No sabemos en qué momento: O sea, no sabemos si fue por la mañana, a la hora del aperitivo… Esta es una reproducción del siglo XVI. Dicen que la original la trajo el Apóstol Santiago. Es mucho decir. Era la que en 711 escondieron para que no la robasen los musulmanes. Lo escondieron tan, tan bien, que después no había forma de encontrarla. Así que Alfonso VI puso todos los medios posibles para encontrar la imagen. Y estos medios eran… rezar.
Sí, pero rezar MUY fuerte. Hasta se organizó una procesión a la que acudió el Arzobispo de Toledo y el Cid Campeador. Y encontraron a la Virgen. Como para no encontrarla. A ver quién le dice no al Cid. La encontraron en la muralla de la ciudad, llamada la Al-Mudayn, de ahí su nombre, Almudena. Se dice que la con los cirios aún encendidos.
Ya veis que en aquella época no existía eso de la obsolescencia programada. Por cierto, si ustedes quieren que les entierren en la Almudena que sepan que solo necesitan 150.000 leuros. Si yo tuviera 150.000 euros no perdería el tiempo muriéndome.
3. El pelotazo del Duque de Lerma
Si los corruptos tuviesen un patrón, sin duda, ese sería Francisco de Sandoval y Rojas, llamado el Duque de Lerma y llamado también “ladrón”, que se vino arriba gracias a la incompetencia de un rey muy tonto. El tal Francisco tenía de jefe a uno muy, pero que muy tonto. Felipe III. Si sería tonto que su propio padre Felipe II al morir, dijo algo así como “Menudo marronazo que le dejo al Imperio”. Y tenía razón.
Francisco Sandoval consiguió que Felipe III le hiciese Duque de Lerma y que le nombrase valido, sin tilde, porque era muy válido, para robar todo lo que quería y cuando quería. Le convenció de llevarse la Corte a Valladolid. Antes él había comprado allí un montón de solares y casas a precio de ganga. ¿Para qué? Porque cuando llegó la Corte, en Valladolid, no había infraestructuras para alojar a tanto funcionario y cortesano. Y ahí estaba el Duque de Lerma con sus recién adquiridas propiedades para ponerlas al servicio del rey, eso sí, en alquiler y a precio de oro.
Con esta maniobra Madrid dejó de ser la capital del Imperio, los precios bajaron y el duque empezó a comprar a precio de ganga edificios y terrenitos… Terrenitos como el que se convertiría en la casilla más cara del Monopoli…el Paseo del Prado.
Con todas las casillas del juego en sus manos, el duque convence al lerdo del rey para que vuelva con toda la Corte a Madrid. Y otra vez el duque de Lerma a hacer caja con sus nuevas propiedades. ¿Qué le diría el Duque al Rey para convencerlo? “Majestad, volvamos a Madrid, que aquí hace relente”.
El duque, que tenía más dinero que la propia fábrica de la Moneda, decidió construirse esta humilde chocita en la calle Mayor… El palacio de Uceda. Más grande que el Alcázar Real y que actualmente es la sede de la Capitanía General.
Pero al duque se le acabó el chollo cuando la reina trató de procesarle por no sé qué de unas tarjetas black de la época. Al final su mano derecha murió degollado en la Plaza Mayor y al duque le nació espontáneamente la vocación religiosa. Bueno, era eso, y que al convencer al Papa para hacerse cardenal tenía inmunidad eclesiástica…Vamos que lo aforaba Dios.
Y, por fin, cuando llegó al trono Felipe IV, su valido el Conde Duque de Olivares, le embargó todas las rentas. De lo que se deduce que los corruptos de hoy en día, comparados con el duque de Lerma son unos aficionados.
4. «El Vecino Curioso» de la Iglesia de Santa María
Pues nada, que estoy jubilao y aquí estoy mirando las ruinas del templo más antiguo de Madrid. La iglesia de Santa María, que fue derribada en 1808. Así paso el rato.
5. La Princesa de Éboli
Aquí, en la calle Almudena, 2, en la esquina vivía la Princesa de Éboli. Ana de Mendoza de la Cerda (con perdón). La Princesa de Éboli. A la edad de 14 años le da por retar a un duelo con florete a un criado, con el resultado de que Ana, se queda sin el ojo derecho…Y el criado, seguramente, sin trabajo. Muchos creen que Ana padecía de estrabismo y que se tapaba el ojo por coquetería. Porque Ana, era lo que llamaríamos hoy, una influencer.
Su vida fue de novela, de película, de serie y hasta de musical. ¡Protagonista de intrigas palaciegas y enfrentada con la mismísima Teresa de Jesús, que debía ser mala enemiga! A la princesa la acusaron de ser amante de Felipe II. Pero con quien mantenía relaciones de verdad era con Antonio Pérez, el secretario del rey. ¿Cómo te quedas? La acusaron de participar en el asesinato de Juan Escobedo, que iba a irle al rey con el cuento de su noviete Antonio.
Finalmente la encarcelaron, sola, sin un duro y alejada de sus diez hijos. Pasó así encerrada los últimos 8 años de su vida. Para que luego digan que Juego de Tronos es enrevesada.
6. Bodas de sangre reales
Hace 110 años la calle Mayor se convirtió en el escenario de un atentado brutal al paso de la comitiva de la boda entre el rey Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Desde uno de los balcones del número 88, el anarquista Mateo Morral lanzó una bomba camuflada en un ramo de flores. Claro, camuflar un ramo de flores con una bomba sería tonto…
Mateo Morral fue detenido unos días más tarde y allí mismo se suicidó con su propia pistola. Todo es un poco raro porque las balas de su cuerpo no eran de su pistola. No sé si me explico…
En el lugar hay un monumento que recuerda a las 28 personas murieron en ese atentado. Los reyes resultaron ilesos. Así pudieron comerse la primera tarta de bodas de la historia de nuestro país. Una moda británica que Victoria Eugenia quiso traer a España. Yo no sé vosotros, pero… comerse una tarta después de la bomba… tíos, venga ya.
Por cierto, la foto del atentado, publicada por ABC, la hizo un estudiante de medicina llamado Eugenio Mesonero Romanos y era nieto del escritor Ramón Mesonero Romanos gracias a quien la casa del ilustre autor que vamos a visitar a continuación no fue demolida. Qué bien hilao.
7. Casa de Calderón de la Barca
Mayor, 61. Esta es la casa. A mediados del XIX el inmueble iba a ser demolido, pero Ramón Mesonero Romanos hizo una llamada al pueblo, incluso a la reina Isabel y consiguió que en lugar de demolerlo lo restaurasen. ¿Por qué? Pues porque este fue el hogar de Don Pedro Calderón de la Barca. Un grande entre los grandes. Él era grande, pero su casa era estrecha. De hecho, tiene el récord de ser la casa más estrecha de todo Madrid. Solo tiene 5 metros de ancho. Tanto genio en tan poco sitio. Se tenía que estirar en diagonal.
8. Farmacia de la Reina Madre
La Farmacia de Mayor, 59 la fundó en el siglo XVI un alquimista veneciano, ¡que eso ya mola! La Reina Isabel de Farnesio, temerosa de que la envenenara su hijastro Fernando VI, compraba sus aquí recetas. Todo el día pensando que te va a envenenar tu alguien de la familia debe ser una paliza. Pero venía ella en persona a por las recetas. ¡Quita, quita!
Mandaba a sus criados, ¡pero no por la calle! ¡Por un túnel que une la Farmacia con el Palacio Real! Qué útil sería que saliera un túnel de nuestra casa conectado con la tienda de chinos de 24 horas.
9. Callejón del Infierno
Pasamos por el Callejón del Infierno, en Mayor, 33. Será que nos hemos portado mal. Su nombre se debe a que durante el segundo de sus tres incendios por este callejón salía una llamarada que parecía provenir desde las mismísimas tripas del infierno. Cualquiera dice nada después de esto…
10. Mercurio
En el edificio de Mayor, 16, estaba la Antigua Compañía Colonial. Se dedicaba a traer café, té y cacao desde las Américas. Muy ricas las tres cosas, pero no las toméis mezcladas.
Fijaos en el medallón de la fachada. Es Mercurio, dios del comercio y que se solía representar en los edificios dedicados a los negocios para darles suerte. En las tiendas y las casas se pone un San Pancracio. El Mercurio es el equivalente capitalista. Está en muchos edificios de Madrid del tipo de la Bolsa y el Banco de España. Está en todas partes y eso que dicen que el Mercurio contamina.
11. Casa del Cordero
GOYO GIMÉNEZ nos cuenta todo de la Casa del Cordero, en Mayor, 1. Es una historia muy loca. La de El Maragato, Santiago Alonso Cordero. Un señor, que llegó a ser Presidente de la Diputación de Madrid y que promovió la construcción de las casas que llevarían su nombre. Casa del Cordero. Este hombre ganó la Lotería a principios del siglo XIX y como el Estado no tenía suficiente dinero para pagarle le entregó, en pago, un solarcito que tenían en plena Puerta del Sol. Y ahí, el tal Cordero promovió la construcción de seis inmuebles. La Casa del Cordero fue el primer y mayor complejo de apartamentos de la Villa. Y acogió hasta 2006 una institución en el mundo de la hostelería; la fonda La Vizcaína. Pero, atentos, que la historia da un giro hacia la corrupción, cómo no. Hay quien dice que Cordero iba a pachas con el ministro Mendizábal y que hicieron correr la historia de la Lotería para despejar sospechas sobre el solar. Ahí lo dejo.
12. Librería San Martín
En Sol, haciendo esquina con la calle Carretas, en 1912, aquí estaba la Librería San Martín. Aquí, un anarquista que quería matar a Alfonso XIII acabó matando a otro señor… José Canalejas, presidente del Consejo de Ministros, que dejó de serlo en 1912. Dejó de ser presidente y dejó de ser todo. El anarquista Manuel Pardiñas disparó a Canalejas en la cabeza. Un policía le intentó reducir, pero el anarquista hizo una cosa muy rara. Se suicidó pegándose DOS TIROS. Que debe ser difícil la cosa… Hay un cortometraje mudo de 1912 que reproduce el incidente. ¡No os imagináis quién hace del anarquista! ¡Un jovencísimo Pepe Isbert! Se habla de una nueva versión, interpretada por Tom Cruise…
13. Dumas, corresponsal de boda
Para que veáis que hay que ganarse la vida como se pueda, Alejandro Dumas, el autor del Conde de Montecristo o Los tres mosqueteros, estuvo en Madrid ¡contratado para escribir sobre una boda! O sea, escribía obras maestras de la literatura universal y también en la BBC. Bodas, Bautizos, Comuniones.
Vino a cubrir la boda de Luisa Fernanda, la hermana de Isabel II, y del Duque de Montpensier (¡No puede ser!). Dumas no vino solo, se trajo a su hijo, a su criado etíope y a dos negros, dos ayudantes literarios. O sea, dos de los que escriben para que lo firmen otros se les llama “negros”. Uno de ellos era August-Jules Maquet, posiblemente el “auténtico” autor de Los tres mosqueteros y de El conde de Montecristo.
14. Lhardy y Mata Hari
Vamos camino del Lhardy, el legendario restaurante donde no sólo hay gastronomía. Allí se ha escrito la Historia de España. Nos espera la persona perfecta: Un experto en Historia y en Gastronomía, qué buena combinación. Nuestro amigo y ya conocido del programa, MIGUEL ÁNGEL ALMODÓVAR…
El restaurante Lhardy es algo más que un restaurante. Además de dar de comer estupendamente (su cocido quita er sentío), entre sus cubiertos, servilletas y manteles se ha escrito la Historia de España. Aquí se han firmado tratados, se han deshecho gobiernos, se han planificado guerras, se han imaginado revoluciones, se ha expulsado a reyes y se han nombrado presidentes del Gobierno. Aquí nos encontramos con Miguel Ángel Almodóvar, periodista y experto en gastronomía, que nos habla de la Historia del Lhardy. ¡Todo un lujo!
El Lhardy sirvió su primera comida allá en el lejano 1839, en un Madrid que se movía lentamente a caballo y que se iluminaba a la luz de las lámparas de aceite. Reinaba entonces aquella incalificable reina llamada Isabel II, más preocupada por el yantar que por el gobernar.
El Lhardy fue el primer restaurante moderno de Madrid. La ciudad, sede de la corte y del gobierno de la nación, necesitaba un local a la altura de los grandes restaurantes europeos. La moda venía de París y sus elegantes salones se convirtieron en el modelo a seguir.
La gran novedad que aportó a Lhardy a la hostelería española fue algo que hoy nos parece absurdo de puro obvio: ¡una carta de menú! ¡Qué idea! ¡Escribir en un papel los platos disponibles! ¿Cómo no se nos había ocurrido antes? Hasta ese momento, las comidas se pregonaban a carta cantada, pegando voces.
La oferta era de una inteligencia suprema. Platos de la distinguida cocina francesa, sin renunciar a la tradición madrileña. Ese fue su gran acierto. Convivían la más fina vichyssoise con unos castizos callos a la madrileña. El más delicado voulevant junto a un rotundo cocido madrileño. El éxito estaba asegurado.
Los callos protagonizaron una de las mejores anécdotas del Lhardy. Isabel II, habitual del restaurante, disfrutaba de unos callos en el Salón Japonés. Para disfrutar mejor, dónde va a parar, se quitó la faja que llevaba, y así poder hacer sitio y dar cumplida cuenta de aquel plato de callos. De pronto, un alboroto en un salón cercano hizo aconsejable sacar a la reina a toda prisa y llevarla a Palacio. Al día siguiente, como mujer de costumbres que era, acudió de nuevo al Lhardy a recuperar la faja. Por supuesto, se la devolvieron, pero no conforme con eso, exigió acabarse el plato de callos que había dejado el día anterior. ¿Eso es amor a la gastronomía patria o no?
Aquí Mata-Hari disfrutó de su último almuerzo antes de ser detenida a las puertas del Ritz. Aquí se forjó la leyenda del Chepa de Quismondo, un torero jorobado al que hicieron un traje de luces a medida para que tomara la iniciativa. Aquí vino Alfonso XII vestido de paisano. Aquí se decidió el nombramiento de Niceto Alcalá Zamora como presidente de la República. Aquí las mujeres entraron solas por primera vez. Aquí se divirtieron reyes y republicanos, liberales y carlistas. Aquí se han firmado acuerdos secretos que cambiaron la Historia de España. Aquí, entre bocado y bocado, se han tejido en voz baja infinitas conspiraciones. Aquí, sencillamente, la Historia ocurre. Que sea por muchos años.
15. Congreso de los Diputados
Isabel II inauguró el Congreso en 1850. Durante los 7 años que duró la obra los diputados se reunían en el Teatro Real. Mira, así estaban entretenidos… El Congreso está presidido por dos cañones en su escalinata principal. Sí, cañones, porque esos leones son de bronce de dos cañones capturados al enemigo en la Guerra de África de 1860. Y como somos muy de poner nombres, pues los leones también tienen, Daoíz y Velarde, en honor a los dos héroes del el levantamiento del 2 de mayo contra los franceses.
Al loro con la guasa: A uno de los leones le faltan los testículos. Hubo una campaña mediática para subsanarlo en 2009. ¡Atención! el Ministerio de Cultura dijo que siempre había estado así, que sería un error cuando separaron el molde.
Bueno, hay quien dice que uno de los leones tiene testículos y el otro no porque son representaciones de Hipómenes y Atlanta, un héroe y una heroína de la mitología griega que fueron convertidos en leones. No en león y leona. Y las heroínas, aunque sean griegas, no tienen testículos. ¡Joroña Kejoroña!. Por cierto, ¡son los mismos leones que tiran del carro de la Cibeles!
16. Monumento a los caídos
El monumento a los Caídos se levanta (lo cual es un poco contradictorio) en el mismo lugar en el que el general Murat mandó fusilar a 48 madrileños en mayo de 1808.
En 1820 se convocó un concurso para crear un monumento en homenaje a todos los muertos anónimos durante el Levantamiento de 1808. No un concurso tipo Un Dos Tres. No, otra cosa. Con sus maquetas y tal. Ganó este diseño. En 1985 se instaló una llama que arde sin descanso alimentada por gas. Bueno, sin descanso sin descanso…A principios de los 90, se cortó el suministro por falta de pago del Ministerio de Defensa. Pues si no había para esto… lo de los aviones volando no sé yo… En fin, en muchos países existen monumentos como este, al soldado desconocido. No debe ser fácil hacer retratos al soldado desconocido. Ya os lo digo. Ah, otra cosa. Junto a este monumento se encuentra el madroño más grande de la ciudad.