Ruta por la Castellana: El Bernabéu, la excomunión de Escartín y el origen de ‘El Quinto Pino’

¿Sabías que Santiago Bernabéu jugó una temporada vistiendo la camiseta del Atlético de Madrid? ¿O que un árbitro español estuvo a punto de ser excomulgado por el papa Pío XII por anular dos goles a Italia? En esta ruta por el Paseo de la Castellana, David Botello recorre desde la Plaza de Castilla hasta Colón para desvelarte el verdadero origen de la expresión «el Quinto Pino», las gamberradas de Buñuel en la Residencia de Estudiantes y la historia oculta de la iglesia alemana sin campanario. ¡Dale al play y acompáñame!

1. Plaza de Castilla

Hoy estamos de suerte, ¡nos dejamos caer pedaleando desde la Plaza de Castilla! ¡Que ya vamos teniendo unos añitos! Vamos a descubrir muchas pequeñas y grandes historias que ocurrieron desde aquí hasta la Plaza de Colón.
“La Castellana” no fue una señora. Era el nombre de un arroyo que nacía en lo que hoy es la plaza de Emilio Castelar y que proporcionaba agua fresca a medio Madrid.
¿Os acordáis del obelisco de Isabel II que está en Madrid Río? Pues, al principio, estaba en Emilio Castelar, sustituyendo a la primitiva Fuente Castellana, que recogía las aguas del arroyo.
En esta ruta tenemos papas enfadados, estudiantes gamberros, una mujer que enloquecía a nuestros tatarabuelos… muñecas de ensueño, reinas tímidas, espías nazis, templos escondidos. ¿P’a que queremos más?

2. Bernabeu

Seáis madridistas o no, hay que reconocer que el Estadio Santiago Bernabeu, en Castellana 142, es un lugar impresionante. Si sumamos los partidos y las visitas al Museo del Real Madrid, el Bernabéu es uno de los lugares más visitados de Madrid.
Aunque soy del Atleti, hay que reconocer que la Historia del Real Madrid es un puntazo. Está considerado uno de los mejores equipos del mundo Incluso tiene un trofeo al Mejor Club del Siglo XX.
El Madrid no se llama de Real Madrid por casualidad. Ostenta el título «real» porque se lo concedió Alfonso XIII.
Y ahora, algo muy fuerte, muy fuerte, muy fuerte. Antes de que el Madrid fuese real, Santiago Bernabeu, tras seis años jugando de merengue, ¡se vistió de colchonero! Según José María Castell, Bernabéu era amigo del presidente del Atleti, que también había sido madridista, se dejó engatusar por él y fichó por el eterno enemigo. La aventura duró una sola temporada, en la que, por la cosa de la normativa de la época, solo pudo jugar un partido oficial de rojiblanco.

3. Pedro Escartín

Y ahora vamos a hablaros don Pedro Escartín, el mejor árbitro español que estuvo a punto de ser excomulgado. ¡Nos cuenta su historia un genio del deporte y de la tele, JERO GARCÍA!
Pedro Escartín fue un gran árbitro internacional con una prestigiosa carrera. Jugador, árbitro, miembro de la FIFA, entrenador, seleccionador nacional y periodista. A pesar de haber hecho todo lo que se puede hacer en el fútbol, no le suena a casi nadie.
El último partido que arbitró fue un Italia-Inglaterra en 1948, un amistoso que se jugaba en Roma. Italia perdió 0-4. Pedro Escartín tuvo parte de culpa: anuló dos goles a Italia. Un pecado arbitral que casi le costó la excomunión. El enfado de los italianos fue recio. Incluyendo al italiano más influyente: Su Santidad el papa Pio XII.
Pio XII era un amante del deporte.
¡Y tenía carácter! Fue el papa que dirigió la Iglesia en los complicadísimos años de la Segunda Guerra Mundial.
Pues nada, aprovechando que iba a estar pitando en Roma, el católico Escartín había pedido audiencia con el papa, Pío XII. Se la concedieron. Y, tras el partido, Escartín acudió al Vaticano. Al llegar, le explicaron el protocolo: tenía que arrodillarse antes de que el papa le saludara, y no podía levantarse hasta que no le diera permiso.
Pío XII le preguntó quién era, y Escartín le dijo que era el árbitro del Italia-Inglaterra. El papa le echó una bronca monumental (y divina): «¿Así que usted es quien nos ha anulado dos goles?». «Sí, Santidad, pero fueron justamente anulados». «¡Paparruchas!», dicen que dijo Pío XII.
El Papa tenia claro que el árbitro había perjudicado a la selección italiana y… ojocuiodao, le dejó ahí, de rodillas, castigado durante el resto de la audiencia!
Por ahora, ha sido la mayor sanción que un árbitro ha recibido en su vida.

4. El Quinto Pino

El Quinto Pino está aquí mismo. En lo que hoy se llaman los “Nuevos Ministerios”. Por cierto, empiezan a parecer poco nuevos ya, ¿eh? Remontémonos a tiempos de Felipe V, aquel rey que se creía una rana. Entonces, como ahora, esta era una de las arterias principales de la ciudad, que cruzaba Madrid hacia el norte. A lo largo del paseo se plantaron cinco hermosos pinos. El primero estaba en lo que hoy sería el comienzo del Paseo del Prado.
Los demás estaban situados a lo largo de toda la avenida, bastante lejos unos de otros. Así, hasta llegar al más lejano, el quinto, que estaba por aquí.
La gente utilizaba los pinos para quedar, como ahora quedamos en el Kilómetro Cero. Las parejas más fogosas preferían quedar en el quinto pino, que quedaba a las afueras, lejos de las miradas indiscretas, para hablar de sus cosillas… Esta costumbre amorosa dio origen a una expresión que seguimos utilizando todavía para decir que algo está…

5. El antiguo hipódromo

Aquí, en el lugar que ahora ocupan los Nuevos Ministerios, estaba el centro social por excelencia del Madrid de Alfonso XII y Alfonso XIII: el Hipódromo de la Castellana. Se inauguró para celebrar la boda de aquellos pobrecicos de Alfonso XII y María de las Mercedes. 60 000 madrileños asistieron a la inauguración. En una época en la que no había tele, ni radio, los madrileños encontraron un lugar donde pasar las tardes.
El Real Madrid jugó aquí sus partidos hasta 1912, cuando se trasladaron al Estadio de O’Donnell. Aquí se vieron las caras por primera vez el Madrid y el Barça. Las cosas han cambiado bastante desde entonces.
El hipódromo estuvo aquí hasta la II República.

6. Estatua de Isabel La Católica

Fijaos qué pasote de escultura, aquí, tan escondida, en Castellana, 80. Los protagonistas están bien elegidos, porque representan las tres patas del poder.
Presidiendo, a caballo, Isabel de Castilla. Isabel la Católica. La reina más importante de nuestra Historia. Fijaos en esa mirada resolutiva. Sabe lo que quiere y va a por ello.
Isabel lleva una cruz para dejar claro que ella es católica, católica. Ella personifica la Monarquía, apoyada en la Iglesia y el Ejército. Y aquí es donde entran los otros dos personajes.
Y el tipo malencarado es el Cardenal Mendoza, Pedro González de Mendoza. En tiempos de los Reyes Católicos era tan influyente que se le llamaba «tercer rey de España».
Al Cardenal Mendoza se le atribuyen tres hijos que la reina Isabel conocía como «los lindos pecados del Cardenal».
Los Mendoza siempre fueron partidarios de Enrique IV en la guerra contra Isabel. Hasta que llegó de Roma un tal Rodrigo de Borja, futuro papa Borgia, para arreglar las cosas. Básicamente, lo que hizo fue decirle a Isabel que, si quería ganar a su hermano, tenía que atraerse a su bando a los Mendoza. Y se sacó de la manga un título de cardenal. ¿A que ya os imagináis a quién se lo dieron? ¡Correcto! El Cardenal Mendoza repartió cargos de confianza entre los miembros de su familia, en una costumbre patria que no sé si os suena de algo. Hoy lo llamaríamos el Mendozazo.
Aquí le vemos con un libro en la mano, que viene a ser el símbolo de la ley, la inteligencia y la cultura. Otro de los pilares del reino.
Al otro lado, uno de nuestros personajes favoritos. Gonzalo Fernández de Córdoba, ¡EL GRAN CAPITÁN!
Poca cosa… simplemente fue el mejor soldado del mundo en su época. Por algo le llamamos Gran Capitán. Él fue quien creó los famosos Tercios que hicieron que a España no la tosiera nadie durante casi 200 años. Ya sabéis lo bien que nos llevamos los españoles y los tercios.
La leyenda apócrifa dice que fue él quien negoció con Boabdil la entrega de Granada. Conquistó el reino de Nápoles para la Corona de Castilla.
Otra leyenda apócrifa dice que tuvo un rollito con Isabel la Católica. Terminó su carrera cuando, muerta Isabel, el rey Fernando le llamó para pedirle cuentas. Las famosas cuentas del Gran Capitán, que ya os contaremos en otra ruta.
Lleva en la mano izquierda la espada desenvainada, símbolo de los éxitos de las tropas castellanas, la tercera pata del reino.

7. Residencia de Estudiantes

La Residencia de Estudiantes queda en la Calle Pinar 21. Y aquí hemos quedado con el actor ROBERTO ALVÁREZ.
Esta es la mundialmente famosa Residencia de Estudiantes. Se fundó en 1910. Fue el mayor centro cultural de España. Todo el mundo de la cultura y la ciencia del siglo XX ha pasado por aquí. A la Residencia vinieron a dar conferencias Einstein y Madame Curie. Se cuentan muchas historias acerca de los años aquí de camaradería (o no tanto) entre Dalí, Lorca y Buñuel. De los 3, el más gamberro era el cineasta Luis Buñuel.
Una anécdota de don Luis. La Residencia de Estudiantes organizó una visita al Museo del Prado para estudiantes de verano dirigida por Luis Buñuel. Éste los paseó por las salas, diciéndoles la primera memez que se le pasaba por la cabeza: “Goya tenía 6 riñones”. “Fíjense en esta pincelada de Velázquez que denota su origen bielorruso”. “Atención a este Rubens pintado bajo el agua mientras tarareaba un cuplé”. Algunos estudiantes tomaban apuntes interesadísimos, pero otros pensaron “Un momento… ¿BIELORRUSO?” Y se quejaron al director de la Residencia, que seguramente diría eso de… “A veeer, ¿qué ha hecho esta vez el Sr. Buñuel?”.
Albertí contaba que eran habituales las bromas dentro de la Residencia. Una de las más frecuentes ocurría a medianoche. Buñuel se levantaba, llenaba baldes de agua y los echaba por las rendijas del dormitorio en el que dormían Dalí y Lorca.
Otra anécdota. En 1943 se trasladaron 16.000 libros desde la Residencia al Colegio Mayor Ximénez de Cisneros. Los libros desaparecieron. ¡En 2010 se encontraron solo 2300 de ellos!

8. La Fornarina

En la Calle Salas 4 hay una placa que nps habla de una estrella del cuplé: la Fornarina. Nos lo cuenta la historiadora y experta en Madrid, SONIA TARAVILLA.
Esta placa recuerda a Consuelo Vello. La estrella más rutilante de España y Europa a principios del siglo XX. El nombre artístico de Consuelo fue “la Fornarina”. Una cupletista que empezó cantando mientras lavaba la ropa en el Manzanares junto a su madre. Alguien la escuchó, flipó y la convenció para ser cantante. Empezó como corista en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. ¡Y lo petó!
Un periodista dijo que se parecía a “la Fornarina”, la mujer de un cuadro del renacentista Rafael. Y ya se quedó con el mote.
Fliparon con ella en Montecarlo, Londres, París, Viena, Berlín, San Petersburgo. Alfonso XIII le hacía ojitos. Su mayor éxito fue «Clavelitos». Y, en pleno éxito, con 31 añitos, va la pobre y se nos muere. Pero ¿cómo nos haces esto, Fornarina, hija de mi vida?

9. Museo Sorolla

En el Paseo del General Martínez Campos, 37, vamos a empaparnos de arte y de luz en el Museo Sorolla. Allí nos espera la conservadora del Museo, COVADONGA PITARCH.
Estamos en el magnífico jardín del Museo Sorolla. Uno de los mejores pintores del arte español. Nadie como él ha sabido capturar la luz y el color del Mediterráneo.
Este museo fue su casa familiar a principios del siglo XX. Y atención, también fue una pequeña escuela de cocina. Un valenciano fuera de Valencia echa de menos su paella.
La familia Sorolla tenía una cocinera valenciana, como debe ser, que preparaba los arroces, siempre supervisados por Clotilde, la esposa de Joaquín Sorolla.
La fama de las paellas de esta casa trascendió. Las esposas de otros pintores mandaban aquí a sus cocineras para que aprendieran de la cocinera valenciana. O sea, lo que hoy llamamos coaching.

10. Estatua de Emilio Castelar

La estatua tan imponente de Castellana 39 es tan imponente porque homenajea a un señor imponente. Don Emilio Castelar.
Emilio Castelar odiaba la monarquía. Primer quiso echar a Isabel II. Cuando la echaron, quiso echar a Amadeo de Saboya. Cuando le echaron, fue Presidente de la Primera República en 1873.
Tiene fama de haber sido uno de los mejores oradores de nuestra Historia. También tiene fama de encantarse a sí mismo en sus discursos. Un día, un parlamentario le contestó diciendo que:

El señor Castelar es tan egotista, que en una boda quisiera ser el novio; en un bautizo, el recién nacido y en un entierro, el difunto.

Participó en la sublevación de San Gil contra Isabel II. Cuando se sofocó, le condenaron a muerte junto con otras mil personas. La reina ordenó “que se cumpla la ley en todos, antes del amanecer”. Las ejecuciones se sucedieron durante varios días. Hubo cientos de ajusticiados.
Pues bien, dicen que Isabel II se enteró de dónde estaba Castelar, y, a pesar de ser antimonárquico y a pesar de ser enemigo declarado, mandó al poeta Campoamor a buscarle para avisarle. “Hombres como él no deben morir en el patíbulo. Y no digas a nadie que te lo he dicho yo”.
Huyó a París. Y no volvió hasta que triunfó la Revolución Gloriosa que echó a Isabel II. ¡No quería ver reyes ni en pintura! Ni siquiera a ese pobrecillo Amadeo I de Saboya, que era un rey puesto como un parche.
Siendo ya presidente de la República, los independentistas cubanos se abastecían de armas con barcos yanquis. El gobierno español interceptó uno de esto barcos, el “Virginius”, y fusiló a toda su tripulación.
¡El presidente Ulises S. Grant amenazó con declarar la guerra a España! Cuidaito con él, que era el tipo que ganó la guerra para los Federados en la Guerra Civil Americana. La de Lincoln y todo eso.
Visto lo visto, Castelar, con buen criterio, pidió disculpas, indemnizó a las familias y devolvió el barco. Y aquí no ha pasado nada. ¿Os imagináis una guerra entre los veteranos de Gettysburg y el Real Cuerpo de Alabarderos?
Y llegó el momento en el que el general Pavía entró en el Congreso pegando tiros para poner fin a la I República y a la presidencia de Castelar.
– ¡Quieto todo el mundo!
– Me quedaré en mi puesto. Los militares tendrán que pasar por encima de mi cadáver.
– Castelar, Castelar, no me nome, que te quete…
– Vale, vale, tampoco hay que ponerse así…

11. Mariquita Pérez

Aquí, en el número 12 de la Castellana, había una pequeña tienda en la que, en 1940, se empezó a vender un juguete con más éxito que el yoyó o el hulahop. ¡La muñeca Mariquita Pérez! Quien conoce de verdad a Mariquita Pérez es CONSUELO YUBERO, coleccionista de muñecas.
La inventora, doña Leonor Coello, era una aristócrata que paseaba, como todas las aristócratas, por la Playa de la Concha de San Sebastián. Su hija pequeña tenía una muñeca alemana. Y Leonor vestía igual a la hija y a la muñeca.
A los ricachones les encantó la idea. Y Leonor, que tenía un olfato comercial impresionante, se dijo: “¡Oye, pues igual esto vende bien!”. Y vendió. Lo petó de arriba abajo. Su muñeca se convirtió en una franquicia.
Enseguida se crearon complementos, cuentos y discos para su Mariquita. Llegó incluso a tener un hermanito: Juanín Pérez. Una jovencita llamada Marisol, ¿os suena?, fue imagen de la marca. Se vendía en medio mundo. ¡Y hasta que llegó la Nancy fue la reina!
¡Salió hasta en los sellos!

12. Iglesia Evangélica Alemana

Aquí detrás de la Castellana 6, oculta a la vista, está la Iglesia Evangélica Alemana. ¿Por qué está oculta? os preguntaréis… Pues vamos dentro y os lo contamos.
En tiempos de Alfonso XIII, en Madrid había una comunidad de protestantes alemanes. Pues bien, en aquella época, aunque en teoría había libertad de culto, no ser católico estaba muy mal visto.
Fue un regalo del Kaiser Guillermo II, el tío de Alfonso XIII, que movió unos hilos para que se construyera este templo. La “Friedenskirche”, la Iglesia de la Paz. El Kaiser Guillermo fue el que metió a Alemania en la Primera Guerra Mundial.
Las autoridades católicas, viendo quién era el personaje, autorizaron la construcción de la Friedenskirche con dos condiciones.
Una: que la casa parroquial diera a la Castellana, para que la iglesia no se viera mucho.
Y dos: que no tuviera campanario. Se ve que no querían competencia.

13. Torres de Colón

Ya en la Plaza de Colón, nos plantamos a los pies de un edificio que se construyó de arriba abajo. Para que luego digan que no se puede empezar la casa por el tejado.
Primero se pusieron los cimientos y sobre ellos se construyeron dos enormes pilares y la plataforma superior. Y luego fueron construyendo ¡hacia abajo! Tenía que ser muy raro de ver cómo se construía. Fue una proeza técnica, pero no ha tenido mucho éxito. Los madrileños lo llaman “El enchufe”, por razones obvias. Y en una encuesta de 2008 aparece como el sexto edificio más feo del mundo. Pues oye, a mí me gusta.

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