¿Sabías que el Manzanares fue objeto de burla por un emperador que lo llamó «el único río navegable a caballo»? ¿O que la cabeza de Goya desapareció misteriosamente y un pintor usó su cráneo como pisapapeles? En esta ruta por el parque Madrid Río, David Botello nos lleva de paseo desde el antiguo Egipto hasta las entrañas del Matadero, desvelando milagros de San Isidro, caprichos de reyes y el origen de los platos más castizos de la gastronomía madrileña. ¡Dale al play y acompáñame!

Hoy recorremos Madrid Río. Una ruta histórica por nuestro humilde pero gran río Manzanares. Oye, como que se le tiene poco respeto… Pues sí. ¡Y Madrid debe su propia existencia al Manzanares! La ciudad surge como una fortaleza musulmana en el siglo IX para defender el camino fluvial existente junto al río. ¡O sea, un respeto!
Las primeras poblaciones SIEMPRE se asocian a un rio, simplemente porque asegura el suministro de agua. Pues aquí ya hubo madrileños hace 10.000 años, aunque todavía no lo sabían.
Empezamos nuestro recorrido histórico por Madrid Rio por un templo que es como casi todos los madrileños: un adoptado que se siente como en casa. El templo de Debod
1. Templo de Debod
Este templo es un regalo que nos hizo el gobierno egipcio por la ayuda que le prestamos para salvar su templo de Abu Simbel. Lo construyó un antepasado de Cleopatra. A ojo de buen cubero, calculamos que fue su tatara tatara abuelo. El templo se iba a inundar durante la construcción de la presa de Assuan en los años 60. España donó al gobierno egipcio un millón y medio de dólares… de la época. Y los egipcios nos regalaron el templo, que vino aquí piedra a piedra.
Para variar, 100 piedras venían mal etiquetadas y hubo que medio improvisar la reconstrucción… Parecía que sobraban piezas, como cuando montas un mueble y te sobran tornillos. Pero a pesar de todo, el resultado es fantástico. ¡Y tenemos en casa un templo egipcio!
2. San Antonio de la Florida
Hay una Parroquia San Antonio de la Florida. Y una Real Parroquia San Antonio de la Florida. “La de verdad” está duplicada. El humo de los cirios obligó a que se tomasen medidas para evitar dañar los frescos de Goya.
Goya pintó los frescos que decoran el techo de la ermita. Tardó 120 días. Cuatro meses. Así que hicieron Control C, Control V con la ermita y pusieron otra igual al lado. Pero la que nos ocupa es la de verdad. Y atención. Los restos mortales de Goya están enterrados aquí. Bueno, “casi” todos sus restos mortales. Cuando España reclamó la repatriación de los restos de Goya a Francia, nos encontramos con un pequeño contratiempo.
“Por favor, queremos repatriar restos Goya. STOP”
“Esto… a ver cómo te lo digo. STOP. Al desenterrar a Goya… ejem… echamos de menos cráneo. STOP”
“Envíen Goya con cráneo o sin él. STOP. Y PUNTO. A CASA. STOP”
¡Los franceses habían perdido la cabeza de Goya! Y todavía no se sabe dónde está. Parece ser que el propio Goya lo donó a la ciencia. Según una teoría, acabó en manos de un médico francés que estudió su cerebro. Según otros, por alguna extraña razón, la cabeza acabó en casa de Dionisio Fierros, un amigo pintor, que hizo un retrato del cráneo y acabó usándolo de pisapapeles.
La paradoja del asunto es que se ha perdido la cabeza de Goya y, al mismo tiempo, hay cabezas de Goya repartidas por todo el país, gracias a los premios Goya de Cine. Amigos cineastas, manda narices que a nadie se le haya ocurrido hacer una peli con las aventuras y desventuras de los restos del cuerpo de Goya, cabeza incluida (o sin incluir).
3. Puente del Rey
Estamos llegando al Puente del Rey. Se llama así en honor a un rey muy bicho, muy mala persona, muy mal rey para España, que hizo mucho daño… Aunque, con esos datos, salen 10 o 12… Se trata del rey Fernando VII. Decidió que la menor manera de ir a cazar a su coto de la Casa de Campo era hacer este puente para su uso personal.
4. El Paso Honroso de Beltrán de la Cueva
En los alrededores de este puente, kilómetro arriba, kilómetro abajo, se produjo un hecho muy peliculero. El prota es Beltrán de la Cueva. Gran soldado y noble al servicio de Enrique IV.
Para que lo ubiquéis. Enrique IV tuvo una hija, Juana, su legítima sucesora, que ha pasado a la historia como “La Beltraneja”. Las malas lenguas y la propaganda política decían que era hija nuestro Beltrán de la Cueva. Pero esa es otra historia que ya os contaremos.
A Madrid vino una embajada de Bretaña para hablar con Enrique IV. Se organizaron los clásicos festejos: ponerse ciego a comer jabalíes del Pardo, bailar al son de las chirimías y hacer torneos de lucha. Uno de estos duelos se llamaba “Paso” y consistía en impedir el paso por el puente. O sea, en plan puertas de un garito de toda la vida, pero con acero toledano. (DECLAMANDO) ¡Y Beltrán, erguido como Apolo y desafiante como Aquiles dijo… “No me moveré por hombre alguno.”
¡Beltrán ganó todos los torneos! El rey, para conmemorar la victoria de su mano derecha, levantó en el lugar un convento jerónimo llamado Santa María “del Paso”.
– ¿Cómo te quedas?
– To picueto. Digooo… ¡No me moveré por hombre alguno!
5. Ermita de la Virgen del Puerto
Esta es la Ermita de la Virgen del Puerto. Fue encargada en tiempos de Felipe V por el Marqués de Vadillo. Lo de “Vadillo” viene al pelo, porque es una ermita en la ribera del río. Durante siglos, la ermita fue el destino de una romería madrileña que acabó convirtiéndose en la verbena de la melonera. Se llamaba así por los puestos de melones que había en la zona. Una cosa, se llama “Virgen del Puerto” y está en Madrid. ¿Se le ha comentado a la Virgen que aquí no hay puerto? Pues no.
¡Y no tenemos puerto por culpa de los ingleses! Bueno, de los ingleses, y de la incompetencia general.
Felipe II quería unir Lisboa con Madrid haciendo el Tajo navegable. Las obras empezaron bien. Madrid soñaba con su puerto de mar. Pero, pero, pero… la derrota de la Gran Armada ante Inglaterra dejó el reino en bancarrota y Felipe II se quedó sin presupuesto para acabar el obrón.
Luego hubo varios intentos de recuperar el proyecto, pero, como siempre, ya si eso, lo fuimos dejando para más adelante. ¿Os imagináis lo que habría cambiado nuestra Historia si hubiésemos tenido un puerto de mar? Un puerto no sé, pero una playita, ya se podían haber estirado…
6. Puente de Segovia
El Puente de Segovia es el puente más antiguo que se conserva en Madrid y del que más cosas se cuentan. Y, de todos los monumentos civiles de Madrid, este es el que más literatura ha generado. Góngora, Tirso de Molina, Quevedo y 200 más se cebaron con este puente para reírse, en el fondo, del pequeño Manzanares.
Y aunque un arroyo sin brío
os lava el pie diligente,
tenéis un hermoso puente
con esperanzas de río.
LOPE DE VEGA
Llorando está Manzanares,
al instante que lo digo,
por los ojos de este puente,
pocas hebras, hilo a hilo.
QUEVEDO
La verdad es que el puente es mucho puente para tan poco río.
7. Puente de San Isidro
Estamos en el puente de San Isidro. Nuestro patrón. Al santo se le atribuyen más milagros que frases de Facebook a Paolo Coelho. Muchos milagros. Muuuchos. ¡Se dice que 438!
1. Illán, el hijo de San Isidro, se cayó a un pozo. Santa María de la Cabeza, esposa del santo, le pidió a su marido que hiciera algo. San Isidro se puso a rezar. Al instante, el agua del pozo subió milagrosamente, trayendo a Illán sano y salvo sobre sus aguas.
2. San Isidro organizaba comidas para los más pobres de Madrid. En cierta ocasión, se quedó sin comida para todos los presentes. Para remediarlo, mientras rezaba, metía el cazo en la olla y salía llena. La comida se había multiplicado milagrosamente.
3. Felipe III cayó gravemente enfermo. Pidió que le trajeran el cuerpo de San Isidro para ver si su salud mejoraba. Por supuesto, se curó en un pispás. En agradecimiento, el rey inició los trámites de beatificación.
4. San Isidro tenía una ayuda muy especial: mientras él se pasaba el día rezando, dos ángeles uncían los bueyes y trabajaban sus campos.
5. Un día nevado, San Isidro llevaba al molino un saco de grano. De camino, se apiadó de unos pájaros que no encontraban nada que comer. El santo compartió con ellos el cereal que cargaba. Cuando llegó al molino, el saco estaba lleno otra vez.
6. Alfonso VIII venció en la batalla de las Navas de Tolosa gracias a un pastor que le enseñó un camino secreto para sorprender a los musulmanes. Cuando el rey estuvo en Madrid y vio el cuerpo incorrupto de San Isidro, lo reconoció como el pastor que le ayudó en la victoria.
8. Ermita del Santo. Pepita Tudó.
En la Ermita del Santo nos espera el MAGO MORE, que no es santo, pero hace milagros. Nos habla de Pepita Tudó.
En esta ermita reposan los restos mortales de una mujer que es conocida en el mundo entero gracias al pincel de Goya. Se trata de PEPITA TUDÓ, la verdadera Maja que pintó Goya, tanto vestida como desnuda. Desde jovencita, fue amante de Manuel Godoy, el hombre más poderoso del reinado de Carlos IV. Existe la certeza, casi al 100%, de que la mujer que aparece en los cuadros de Goya, “la maja” antes conocida como “la gitana”, es Pepita Tudó. Entre otros motivos, porque los cuadros eran propiedad del propio Godoy.
Godoy era, entre otras muchas cosas, coleccionista de Arte, que había reunido una enorme colección. La mayor parte era, digamos, para todos los públicos. Pero, pero, pero, Godoy tenía una SALA ÍNTIMA, una sala secreta en el Palacio de Oriente, llena de “pinturas de distintas Venus». Las Venus solían ser muchachas de curvas apetecibles y en culipatos. Eran, digamos, para mayores de dieciocho años. Dos rombos. Tres equis. Allí estaban, entre otras, la famosa Venus del espejo de Velázquez, que le había regalado la duquesa de Alba para pagarle un favor político.
Pues bien. En esa “sala íntima”, La maja vestida se presentaba en todo su esplendor. Mediante un mecanismo mágico tan sofisticado como sencillo, la maja vestida se levantaba y, oh, delirio, dejaba al descubierto la maja desnuda.
Tras la caída de Godoy, cuando le defenestraron en el Motín de Aranjuez, se rapiñó todo su patrimonio. La Inquisición no tardó en intervenir las obras, consideradas un “escándalo”. El propio Goya llegó a ser interrogado durante las investigaciones, para que contara quien era la modelo y de quien había sido el encargo. Por supuesto, permaneció callado.
Pepita se exilió junto con Godoy y su esposa. Vivían los tres juntos. Tras la muerte de la esposa de Godoy, se casaron en el exilio.
Muerto Fernando VII, Pepita vuelve a Madrid para intentar recuperar, sin éxito, el patrimonio que le habían confiscado a Godoy.
Pepita murió a los 92 años en su casa de la calle Fuencarral, víctima de un accidente casero. El fuego de un brasero prendió sus ropas y acabó con su vida.
9. Marqués de Vadillo
Esta es la Glorieta del Marqués de Vadillo. ¿Por qué una estructura así redonda se llama “glorieta”? Ni idea. Es algo que escapa a mis conocimientos… Durante los reinados de Carlos II y Felipe V, nuestro amigo el marqués fue corregidor de Madrid. Lo que hoy vendría siendo alcalde, aunque me gusta más la palabra corregidor, ¿que queréis que os diga?
Fijaos en que era tan buen regidor que sobrevivió al cambio de dinastía. Empezó con los Austrias y acabó con los Borbones. Todos querían tenerle cerca.
Al Marqués de Vadillo le debemos un montón de mejoras en la ciudad. Por ejemplo, el alumbrado público con faroles, que encendían los propios vecinos. Fue toda una novedad. También le tenían para organizar festejos, fiestas reales y festorros. O sea, un poco el relaciones públicas, festivo y festivalero.
10. Puente de Toledo
Del Manzanares se burló un nieto de Carlos V: el Emperador Rodolfo II. Dijo que el Manzanares era el mejor río del mundo, porque era el único navegable a caballo. Mucho emperador, mucho emperador pero tiene nombre de muñeco de Mari Carmen. Aunque, las cosas como son, el tío tenía gracia…
Para hablarnos del Puente de Toledo, nos espera HERENA TROITIÑO, amiga, historiadora del Arte y experta en Madrid.
Situado sobre el río Manzanares. Va desde la glorieta de Pirámides a la glorieta del Marqués de Vadillo. En el lugar que ocupa este puente, declarado Monumento Nacional en 1956. Su origen data del siglo XVII cuando Felipe IV proyectó enlazar la Villa de Madrid con el camino de Toledo por medio de un puente. Con proyecto de Juan Gómez de Mora, se construyó entre 1649 y 1660.
El Manzanares fue objeto de mofa entre la realeza europea en el siglo XVI y posteriores. En ese sentido, el emperador del Sacro Imperio Germánico, Rodolfo II, dijo con intencionada sorna que era «el mejor río del mundo» porque era el único «navegable a caballo».
Destruido en varias ocasiones por las crecidas del río, el actual puente lo construyó Pedro Ribera en 1732 con Felipe V como rey y el Marqués de Vadillo como Corregidor (alcalde de Madrid).
De estilo barroco, en el centro del puente, sobre el pretil, hay dos hornacinas historiadas, una en cada lado, con los patronos de Madrid, San Isidro y Santa María de la Cabeza,. Cerrado al tráfico se ha convertido en un agradable paseo donde se colocan en verano unos cuantos puestos ambulantes y quioscos.
También es utilizado como escenario teatral.
Curiosamente, Quevedo y Lope de Vega hicieron muchas burlas sobre el caudal del Manzanares, al que consideraban escaso, sin embargo las crecidas del río han sido un problema a lo largo de la historia, hasta que finalmente Felipe IV decidió construir el puente. El puente de madera anterior a éste de piedra, al que Lope de Vega dedicó estos versos:
La puente, a quien da nombre y señorío
la ciudad imperial, honor de España,
en madera gastada, al viejo río
solo sirve de báculo de caña.
Pero después, al construirse el puente de Toledo actual, el mismo Lope dice:
Quítenme aquesta puente que me mata, señores regidores de la villa: miren que me he quebrado una costilla que, aunque me viene grande, me maltrata.
11. Madrid Río
Tras cinco años de obras, en 2011 se inauguró Madrid Río, esta zona peatonal de recreo. ¡El diseño ganó un premio en la Universidad de Harvard! ¿Como te quedas?
– Pues como viene siendo habitual: ¡To picueto!
Pues picuétate un poco más. El Manzanares no siempre se ha llamado así. Antes se llamaba Guadarrama. En el Siglo de Oro, el Duque del Infantado tenía tanto poder que le cambió el nombre. Con un par. Lo llamó igual que su señorío: el Real de Manzanares. Podría haber sido peor, ¿no?
Desde que Madrid fue capital, la orilla del río se ha usado como lavadero de ropa. ¿Eh? ¡Que nos pensamos que las lavadoras han existido toda la vida!
12. Obelisco Isabel II
Por sugerencia del gran hispanista japonés y experto en Madrid, MATSURO KUNOTSHO, vamos a ver un obelisco. Cualquiera le discute. A ver a qué os suena esta historia. Este obelisco lo mandó construir Fernando VII para celebrar el nacimiento de su hija, la futura Isabel II.
Lo que pasa es que ponerse a construir un obelisco así, de repente, en nueve meses, con todo lo que hay que hacer en el país… Uf… Entre unas cosas y otras, cuando parecía que ya si eso se iban a poner con el asunto, pasaron tres años y muchas cosas, entre otras que, a lo tonto a lo tonto, nunca mejor dicho, a Fernando VII le dio por morirse. Vamos, que mucho absolutismo, mucho matar liberales, pero manda construir esto y no le hacen ni caso…
Ya te digo yo que tenía que haber llamado a los Cien Mil Hijos de San Luis. Con la mitad, le habrían hecho el obelisco en un periquete. No somos nadie. Con el rey Fernando VII muerto, qué gran pérdida, la reina regente María Cristina, madre de Isabel II, pide que, por favor, por favor, a ver si pueden empezar las obras el día del tercer cumpleaños de la princesa.
Bueno, pues ya tenemos a la pequeña Isabel, feliz con su primera piedra, pensando que en de un momento a otro vería cumplido el sueño de cualquier niña de su edad y pronto tendría el obelisco completo. Pues no. Las obras tardaron la friolera de otros cinco años. Ejem. Con ocho años de retraso. Para hacer esto. No sé, no sé…
13. El Matadero
¡Pues aunque se nos vea muy contentos, vamos camino del Matadero! Hoy el Matadero de Madrid es un lugar fantástico con mucha oferta cultural y donde puedes tomarte algo. Que sí, hombre, que sí, que nos está esperando un chef, un artista y un visionario. El gran MASTROMATTEO.
El matadero se construyó a principios del siglo pasado. Dio trabajo a un montón de gente que vivía en los llamados “barrios bajos”, los que estaban más cerca del río, poblados por los que llegaban a Madrid desde fuera. Desde que se clausuró definitivamente (1996), han ido apareciendo diferentes usos alternativos: Museo de Arquitectura, biblioteca municipal, centros comerciales, teatros… Los antiguos establos de vacuno se convirtieron en la sede del Ballet Nacional de Danza y de la Compañía Nacional de Danza.
ORIGEN HISTÓRICO DE LOS MATADEROS
Una de las primeras carnicerías de Madrid se encontraba en la Plaza Mayor. Es la Casa de la Carnicería, frente a la Casa de la Panadería, que estuvo allí hasta los tiempos de Enrique IV. Los Reyes Católicos reorganizaron el gremio de los carniceros y abrieron el primer matadero de Madrid.
El matadero más famoso fue el que estaba en la actual plaza de Cascorro, en lo alto de un cerro. Como las matanzas dejaban un reguero de sangre, al cerro se le empezó a llamar “del Rastro”. La Ribera de Curtidores se llamó así por los curtidores que se abastecían de los cueros del matadero.
CURIOSIDAD GASTRONÓMICA
Algunos de los platos más importantes de la cocina madrileña popular, como la casquería, surgen de las épocas en que se pasaba hambre, como la posguerra. En estas épocas se aprovechaban las partes menos apetecibles, que suelen ser los más baratos.
GALLINEJAS
Suelen ser la tripa y el entresijo del cordero. Se empezaron a comer cuando en el matadero se sacrificaban a diario corderos. Las gallinejas se preparan fritas. Desprenden un característico olor, mezcla de aceite/sebo. Se freían en locales y quioscos callejeros, generalmente regentados por mujeres desamparadas, viudas sin recursos económicos, a las que se llamaba gallinerejas. El matadero repartía los despojos entre estas mujeres.
CALLOS A LA MADRILEÑA
Son las tripas de vaca o de carnero, que se comen guisados, en un plato de barro, acompañados de chorizo, morcilla y jamón. No se sabe de dónde viene la idea de comer callos. En el Guzmán de Alfarache se habla de “revoltillos hechos de las tripas, con algo de los callos del vientre”.
Parece ser que se empezaron a comer en Madrid gracias a la presencia de inmigrantes asturianos. Es considera un plato muy asequible, porque sus ingredientes son muy baratos. Junto con el cocido madrileño es uno de los platos más característicos de la gastronomía de Madrid.
Es un plato que nació en las tabernas y que acabó en los más prestigiosos restaurantes. Se sabe que a Isabel II le encantaban los del Lhardy.
RIÑONES
Suelen ser de ternera, de oveja o de cerdo. Se saltean con manteca de cerdo y unas rodajas de cebolla. Se cuecen finalmente en una salsa de tomate y se sirven con unos picatostes (en forma de triángulos), rociados de jerez. A veces se sirven con arroz hervido.
Fueron tan populares en los cafés madrileños que hay un montón de variantes que buscaban sorprender a los clientes, como los riñones a la madrileña (decorados con champiñones y guisantes); a lo señorito, que se decora con jamón frito; a la segadora, decorado con rodajas de huevo duro; a lo pobre, con guarnición de patatas a lo pobre.
PATATAS A LA IMPORTANCIA
Aunque no tenga nada que ver con el matadero, es un plato popular y muy económico, como los demás que estamos hablando. Viene de Palencia, pero es típico de Madrid. El principal ingrediente son las patatas. Aunque hay mil variantes, lo normal es que las patatas se cortan en rodajas, se rebozan en harina y huevo batido, se fríen, se ponen en una cazuela con agua (o caldo) y se añade un majado en mortero de ajo, azafrán, pimentón, perejil, sal y vino blanco, se cuecen y, al final, se sirve en cazuela de barro con un poco de caldo.
SOLDADITOS DE PAVÍA
Son un aperitivo típicamente madrileño. Como esto es un programa de Historia, vamos a contar por qué se llaman así. Hay dos versiones. Una dice que es para conmemorar la batalla de Pavía, en la que los tercios españoles de Carlos V derrotaron a las tropas francesas de Francisco I.
Otra versión dice que tiene que no, que tiene que ver con los soldados del general Pavía, que entraron en las Cortes para acabar con la Primera República.
Sea como sea, es una fritura de bacalao rebozado acompañado de pimiento rojo. Se dice que se inventaron en una taberna de la calle de Tetuán, en Madrid.