¿Sabías que la ubicación del Palacio de Liria se decidió usando trozos de carne cruda para buscar el aire más puro de Madrid? ¿O que el rey Felipe IV salió corriendo del Convento de San Plácido al encontrarse a la novicia que le gustaba fingiendo estar muerta en un ataúd? En esta ruta por Malasaña, David Botello recorre el barrio de las Maravillas para desvelarte el verdadero origen de las ‘Casas a la Malicia’ , las aventuras de Quevedo y el bar exacto donde nació la Movida Madrileña. ¡Dale al play y acompáñame!

1. Plaza de España
La Plaza de España, antiguamente, era una zona de huertos regados por el arroyo Leganitos. Hoy no quedan ni arroyos ni huertas ni ná. Nos vamos a dar un paseo por Malasaña y sus alrededores. Entenderéis el por qué de su antiguo nombre: ¡Barrio de Maravillas! ¡A base de pedales! Porque no tenemos piernas. ¡Tenemos pistones!
En la ruta de hoy vais a conocer valientes heroínas, casas maliciosas, reyes enamorados de novicias, misteriosas rondas nocturnas, bastardos reales, cuerpos de élite, usos alternativos del jamón… ¡Qué peazo de catálogo!
2. Palacio de Liria
Estamos frente al Palacio de Liria, en la Calle Princesa, 20, sede de la casa de Alba desde hace doscientos años y el domicilio particular más grande de Madrid. La Casa de Alba es la de mayor nobleza en España y en Europa. Es de “rancio abolengo”. Rancio abolengo significa ilustre ascendencia. Vamos, que es una familia de antiguos y nobles antepasados.
La Dinastía de Alba es impresionante. El título de duque se lo otorgó Enrique IV, el hermanastro de Isabel la Católica, al conde de Alba de Tormes. Los Alba han recorrido la historia de España y del mundo durante 5 siglos. Generaciones de una misma familia dedicando muuucho tiempo a lo mismo. Como los Flores y los Molina. Pero en lugar de artisteando, mandando por ahí.
La elección del lugar para hacer este palacio tuvo gracia. En tiempos de Carlos III, el III Duque de Berwick y Liria quería construirse una chabola en el lugar más saludable de Madrid. Y, ¿cómo se averigua eso? Pues repartiendo trozos de carne de ternera por todo el barrio de los Afligidos, que es como se llamaba esta zona. Con ese nombre, suponemos que la carne estaba bien vigilada…
Esperaron varias semanas, para ver cómo iba la cosa de la carne. Casi todos los trozos estaban tirando a bastante podridos. Pero, evualá, había uno que, seguramente, por el aire fresco de la Sierra Norte que sopla por aquí, se había conservado mucho mejor. ¿Mola, eh? Así fue cómo un trozo de carne de ternera decidió dónde se levantaría el Palacio de Liria.
Ya os estoy viendo en un sinvivir… ¿cómo es que el palacio de Liria es la residencia de los duques de Alba? ¿Eh? Pues porque la famosa Duquesa de Alba que inspiró a Goya se casó con el III Duque de Berwick y Liria, y murió sin hijos. Así que la herencia pasó a los sobrinos, que heredaron el ducado de Alba y el de Liria.
Aquí vivió la popular Cayetana, la última Duquesa. Hoy la Casa de Alba quiere modernizarse y rentabilizar terrenos y palacios. ¡Incluso han lanzado una línea de carne de ternera, como es lógico! Y muy gourmet, por supuesto.
3. Cuartel del Conde Duque
En la calle del Conde Duque, 9 encontramos el impresionante Cuartel de Conde Duque. Lo más impresionante es que no se sabe a qué Conde Duque se refiere su nombre. Tres figurones se disputan ese honor: el Conde de Aranda (chunda chunda), que tuvo un palacio aquí mismo; el III Duque de Berwick y Liria, (el que mandó construir el Palacio de Liria), y nuestro favorito, el Conde Duque de Olivares.
Este sí que es un personajón. Fue el valido de Felipe IV, o sea, el que de verdad cortaba el bacalao en España. Mandaba más que nadie y era más listo que el hambre. Un ministro inteligente, currante y con ganas, aunque gobernar esta casa de locos era bastante complicado. Quiso convertir España en un Estado moderno, centralizado y eficaz, donde todos los territorios tuviesen las mismas leyes, los mismos derechos y las mismas obligaciones. Pero los catalanes le dijeron que nanai, que sus fueros eran intocables, y que no pensaban soltar un duro para pagar las guerras imperiales.
Estábamos luchando en todos los frentes: Holanda, Inglaterra y, sobre todo, la Francia del cardenal Richelieu, ¡el malo de los Tres Mosqueteros! Durante estas trifulcas, perdimos definitivamente Flandes. Ese muerto que nos quitamos de encima…
Durante la guerra contra Francia, Olivares metió un ejército en Cataluña y obligó a los catalanes a mantenerlo. Los payeses se hartaron un buen día, dijeron “San Se Acabó” y se cargaron al virrey entonando una canción que, con el tiempo, se ha convertido en el himno catalán: Els segadors, un canto que llama a luchar por la libertad de la tierra, al grito de “a las armas, catalanes, que el rey nos declara guerra”. ¡Pobre Olivares! ¡Todo le salía al revés!
El Conde Duque mandó unas tropas para sofocar la rebelión, los catalanes se lanzaron a los brazos del rey de Francia, le dijeron: “ay, échanos una mano”, y se pusieron bajo soberanía francesa para declarar la guerra a Olivares.
Vamos, que Cataluña fue francesa durante los doce años de guerra. Al final, Olivares acabó con la rebelión, les devolvió todos sus fueros y los catalanes aprendieron que el rey francés era bastante peor que el rey de España.
Para rematar el jaleo, aprovechando los follones en Cataluña, Portugal se independizó del todo sentando en el trono a la nueva dinastía de los de Braganza. Como al Conde Duque todo le salía al revés y tenía demasiados enemigos, Felipe IV le defenestró.
El siguiente Felipe, el V, levantó este cuartel para albergar a su guardia personal. La Guardia de Corps. Los guardaespaldas del rey. Eran un cuerpo de élite. Buenos de verdad. En este cuartel había 600 guardias y 400 caballos.
De la Guardia de Corps salieron dos tipos muy importantes que hicieron más divertido nuestro siglo XIX: Godoy, amantoide de la reina María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV, y Fernando Muñoz, marido secreto de la reina María Cristina, madre de Isabel II.
4. Descalzas Reales
En el Monasterio de las Descalzas Reales, Plaza de las Descalzas, s/n, nos espera la actriz SILVIA MARSÓ.
El monasterio de las Descalzas Reales era un palacio de los reyes de Castilla, residencia para personas reales. En un momento determinado, Juana de Austria decidió convertirlo en el monasterio de las Descalzas Reales, donde estaba la congregación de las monjas Clarisas. Juana de Austria no solamente fue la hermana del rey Felipe II, sino que además fue una mujer muy importante que tuvo muchísimo poder. Cuando su hermano Felipe se fue a casar con María Tudor, la hija de Enrique VIII a Inglaterra, Juana de Austria estuvo aquí de reina regente. Aquí, aquí, en este monasterio.
Aquí estuvo dirigiendo no solamente el país, sino todo el Imperio, que era muy grande en aquellos momentos, ya lo sabéis. Durante esos cuatro años en que doña Juana de Austria estuvo de reina regente, la cosa fue fenomenal. En el fondo, yo creo que las mujeres deberíamos mandar siempre, pero no se ha dado mucho en la historia, no nos ha dado muchas oportunidades para mandar, porque si nos dejaran, las cosas irían mucho mejor. Y tú, David, a callar, ¿eh?
Cuando Felipe II volvió de Inglaterra, acabó la vida política de Juana de Austria. Tuvo que dejarlo. ¿A ti te parece justo eso? Pues no. Entonces hubo que quitarla de en medio. Hombre, con lo bien que lo había hecho no me parece justo, pero entiendo que el rey era el rey y ella era la regente. Pero, claro, después de los méritos alcanzados y de lo bien que lo hizo… La cuestión es que acabó sus días en el monasterio del Escorial, la pobre, tan lejos del centro de Madrid, que era su vida desde que nació.
Y lo mejor de todo es que Juana de Austria está enterrada aquí. Cuando murió, ella pidió que la enterraran aquí, donde había nacido. Es una historia bonita…
Es un sitio que me gusta mucho porque, además, ¡tiene una pequeña huerta! ¡En pleno centro de Madrid! ¡Al lado de la Gran Vía y de la Puerta del Sol! Un huerto ecológico, sí señor. No dejéis de venir, porque Madrid tiene muchos tesoros y este es uno de ellos.
5. El Teatro Principito
Encontramos otra historia de las que nos gustan en la calle Cedaceros, 7: un rey, una actriz ambiciosa, un idilio y un hijo bastardo… Nos lo cuenta FRANCINE GÁLVEZ.
Os he traído un lugar muy secreto que hoy se llama el teatro Principito y que allá por los años 20, al principio del siglo XX, fue el Salón Madrid; en 1916, un Frontón; y, en 1920, la historia que nos ocupa.
El rey Alfonso XIII se lo regaló, dicen los mentideros de la ciudad, a su amante Carmen Moragas. Carmen Moragas tiene que ver con este teatro, claro tiene que ver con este teatro, porque vosotros sabéis que ella fue una gran actriz de principios del siglo XX, alumna aventajada de María Guerrero. En cuanto el rey Alfonso XIII la vio actuando, se enamoró perdidamente de ella.
¿Y qué hace un hombre con posibles cuando se enamora de una actriz? Pues ahora le hace una película en Hollywood, y pero entonces le regalaba un teatro al lado de la Gran Vía. Pues eso hizo, en la parte de arriba todavía se conserva el apartamento que el rey le puso a Carmen Moragas, o sea que le puso un pisito en el teatro. Ella era listísima, hablaba idiomas, había viajado por el mundo, era una mujer de una muy buena familia, aunque fuera artista, ¿sabes cómo te quiero decir? Y entonces, sí, la verdad es que se cuenta incluso que ella influyó en la destitución de Primo de Rivera. O sea que, quizás, Carmen Moragas es un personaje histórico que cambió indirectamente la historia de España.
Hay unos cuantos libros escritos acerca de esta relación extramatrimonial que le costó, pues imagínate, toda la pena y la tristeza a la reina Victoria Eugenia, que se tuvo que comer este amor público que además dio fruto a dos hijos, a María Teresa y a Don Leandro. Don Leandro ha sido un personaje muy televisivo y conocido por todos los españoles, o sea que sí, este amor fructificó en una familia.
Lo llevaba tan mal la sociedad que la intentaron pues aplacar casándola con un torero. Pues un matrimonio que duró menos de lo que duran hoy en día, le duró un mes. En cuanto el torero se enteró de que el amante que tenía era el rey dijo: ‘Pues aquí te quedas’, y al final terminó sus días enamorada; no se casó pero sí que vivió con un intelectual español poeta republicano y ella se hizo republicana.
Dicen que cuando murió la Moragas, que el rey ya estaba en el exilio, en cuanto se enteró de que había fallecido cruzó la frontera, vino en secreto hasta Madrid a despedirse de ella, a darle el último adiós a su gran amor y se volvió, nadie se enteró. Pero bueno, eso es lo que escribió el propio Leandro, ¿no? El propio hijo de Alfonso XIII en uno de los libros que tiene publicados es lo que cuenta.
6. San Antonio de los Alemanes
En la calle de la Puebla, 20, está la iglesia de San Antonio de los Alemanes que, para despistar, se inauguró para la comunidad portuguesa. ¡Así no hay quién se aclare! Se llama así porque, en tiempos de Felipe IV, pasó a manos de los católicos alemanes.
Durante el Siglo de Oro, las calles de Madrid no eran de oro. Madrid estaba lleno de pobreza, barro y enfermedades. Esta iglesia fue sede de la Hermandad del Refugio. Una institución que trataba de ayudar a los más pobres. Una forma de hacerlo era la Ronda Nocturna.
Tres miembros de la Hermandad recorrían por la noche las calles de Madrid, recogiendo pobres y repartiendo comida. Popularmente se le llamaba la «Ronda del pan y del huevo». El huevo lo repartían a lo grande. Usaban una tablilla con un agujero. Si el huevo pasaba, lo desestimaban porque era demasiado pequeño. Al hacer la prueba del huevo, recitaban la siguiente frase: «Si pasa, no pasa. Si no pasa, pasa». Es decir: Un huevo pequeño no valía para entregárselo a los pobres.
En la cripta de San Antonio de los Alemanes están enterradas dos Infantas de Castilla. Una de ellas es Berenguela. ¡Una de las hijas de Alfonso X el Sabio! ¡Del siglo XIII! Un peazo rey, Alfonso X el Sabio, de hace 700 años. Fue tan guerrero como sabio. Tan fundamental durante la Reconquista como impulsor de la cultura del reino. ¡Una mezcla de Rambo y Punset!
7. Convento de San Plácido
Llegamos al convento de San Plácido, en la calle San Roque, 9, para encontrarnos con CARLOS FAEMINO, uno de nuestros más grandes cómicos, que nos cuenta el historión de El rey y la Novicia del convento de San Plácido.
Estamos en un convento que está reconstruido ahora y es un poquito más feo, pero antes era espléndido. En el siglo XVII ingresó en el convento una bella novicia llamada Margarita. Jerónimo de Villanueva, secretario y consejero del rey Felipe IV, vio a la hermosa muchacha y fue a contárselo al rey, al que le encantaban las jovencitas. El rey Pasmado fue de cabeza a verla. Le encantó la jovencita. Con la ayuda del todopoderoso Conde Duque de Olivares concertó una cita con la novicia. Pero, claro, la novicia Margarita se asustó, como es lógico, y pidió ayuda a la priora. Para salir del paso tuvieron una idea:
Cuando el rey llegó a la celda de Margarita se la encontró tendida sobre un féretro, con cirios y flores haciéndose la muerta. El rey salió por patas. No sabemos si se sentía culpable o qué, pero a partir de ahí, el rey empezó a hacer regalos a la congregación.
Pero, vamos, para explicarlo bien, decidimos improvisar un retablillo. Un sketch con Faemino. La dramatización cómica de los hechos:
Rey: Yo soy el rey. ¡Madre superiora, esta novicia me encanta!
Novicia: Madre superiora, fíjate, tengo un marronazo, que el rey me tira los tejos.
Madre superiora: A ver hija mía, ¿a ti el rey te hace tilín?
Novicia: Es que el rey tiene un físico… menudo trago, ¿no?
Madre superiora: Pues tú vas a hacer una cosica: te vas a tumbar cuan larga eres, ponemos unos cirios capuchinos encendidos, unas plañideras y cuando el rey venga se encuentra el pastel de que estás muerta, y aquí paz y después gloria.
Novicia: ¡Qué buena idea! Que viene el rey….
Rey: Hola, madre superiora, ¿qué hay de ese asunto que tenemos?
Madre superiora: ¿Pero no ve usted a esta prenda de criatura toda muerta?
Rey: Pero si está fallecida… ya huelo, ya huelo.
Madre superiora: Usted regálenos una campana y ya si eso…
Una voz (interrumpiendo): ¡No, pídele un cuadro, pídele un cuadro de Velázquez!)
Madre superiora: Eso, eso, ¿no tendrá usted para hacer un apaño?
Rey: Pues con toda mi magnanimidad de rey os voy a regalar un cuadro del Cristo de Velázquez.
Madre superiora: Y, ahora, váyase usted, que ya me quedo yo con la muerta velando.
Rey: Vale, pues adiós…
Faemino: ¡Ha salido redondo!
(Fin de la dramatización)
Hemos contado lo de las campanas, ¿no?. Con un pesar en el corazón y con una amargura muy grande, dice el rey: «voy a regalar una campana». Que vaya regalo también, digo, estírate un poquito, da un terrenito, reforma la capilla…. Bueno, regaló una campana, pero que cada cuarto toca a difuntos. Mira que hay regalos, pero menos es nada. A pesar de este aspecto austero, pues merece la pena, pero eso es otra historia.
8. Casas a la Malicia
En la Calle del Pez 31 se conserva una Casa a la Malicia que hubo aquí… Las Casas a la Malicia tienen que ver con la decisión de Felipe II de instalar la corte en Madrid.
Este es uno de los grandes misterios de la Historia patria. Nadie ha podido explicar por qué Felipe II acabó trayendo la corte a este villorrio mal comunicado, pudiendo elegir entre Sevilla, Barcelona, Lisboa o Toledo.
Sea como sea, Madrid tenía unos 15 000 habitantes cuando, de golpe y porrazo, llegaron todos los funcionarios de la corte. Y hubo que alojarles.
La «Regalía de Aposento» fue una ley que decía que todos los madrileños que tuvieran una casa con dos plantas tenían que ceder GRATUITAMENTE al funcionario de turno ¡y a su familia!, en el piso de arriba. ¿Qué hicieron los madrileños? Pues escaquearse como podían. Los que tenían dos plantas, cambiaron a toda prisa la fachada y el tejado para que pareciera que solo tenían una. La idea era engañar a los inspectores reales. Por eso las llamaron «Casas a la Malicia». Y eso fue lo que pasó en este edificio.
Cuando salió le ley de Regalía de Aposento, los primeros que se querían escaquear eran los que tenían dinero. Decían, “Yo paso de meter aquí a un fulano”. Hacían un regalillo al funcionario de turno y ya está, quedaban exentos.
9. Corrala del Patio de Quevedo
En la calle de la Madera, 24, hay un edificio que perteneció a la familia de Quevedo. Está en el antiguo Barrio del Refugio, una zona que, antiguamente, era bastante lumpen. Y, por lo tanto, muy frecuentada por reyes y figurones. Sobre todo, por Felipe IV. De sus andanzas nos habla Torrente Ballester en «Crónica del rey pasmado». Quevedo también lo frecuentó.
Y hemos quedado con JUAN CARLOS GONZÁLEZ, de Carpetania, experto en Madrid, para que nos ilumine acerca de Quevedo. Esta casa fue de Quevedo. En su testamento aparece como propiedad, si bien no constan datos que viviera aquí. El caserón es del siglo XVIII y aparece en el plano de Texeira, con los tres patios que todavía se conservan en la actualidad, aunque estén transformados. Por eso sabemos, sin duda, que Quevedo transitó este barrio. Quevedo no tenía un domicilio fijo, entraba y salía de la corte. Tenía muchos enemigos y dormía a veces de manera clandestina para que no le localizaran. Aunque manejaba muy bien la espada y, dicen, durante el día se podía enfrentar a más de cuatro espadachines, por la noche le podrían tender una emboscada.
Don Francisco de Quevedo era patizambo, cegatón, tenía el labio un poco leporino y como buen cristiano no se solía lavar apenas porque era cosa de moros. Entonces Don Francisco de Quevedo tenía que pagar por el amor: visitaba a las ‘hermanitas de pecar’ o las ‘hermanas de Venus’, que eran las que daban amor a cambio de dinero, y uno de los barrios donde había ese perfil de la profesión más vieja del mundo era este. También le acompañó en esas andanzas Felipe I (nota: según la transcripción literal), que era otro de los visitantes habituales de esta zona, pues venía por temas religiosos, pero también profanos.
Estamos justo ahora en el último de los patios que aparece recreado en el plano de Texeira, que es de mediados del siglo X (nota: según la transcripción literal), que lo encargó a hacer Felipe I y aparece justo este caserón con varios patios. Aunque la estructura se ha reformado, es prácticamente el mismo edificio y los mismos lugares que existían en la época, precisamente en la que vivió Quevedo. Y es verdad que estamos en un patio que ya venía en este mapa del siglo XV.
Quevedo usaba unos anteojos que pasaron a ser ‘quevedos’ sin patillas. Si me lo pongo, soy como más intelectual con esto. Ya tienes otro toque distinto porque piensa que en esa época tenían vista cansada cuando cumplían años, pues tenían la luz del candil. Lope de Vega dice de Cervantes que usaba unos anteojos que parecían dos huevos fritos, y prácticamente todos llevaban gafas. Lo único es que en los retratos casi ninguno aparece con anteojos, como cuando nos hacemos la foto que nos guardamos la gafa, menos Quevedo que presumía precisamente de ello.
En el mismo lugar, en el siglo XVIII, vivió el músico italiano Boccherini. Vivió gran parte de su vida en España, en la Corte de Carlos III.
10. Plaza de San Ildefonso
Esta plaza se llamaba antiguamente Plaza del Grial, porque había una fuente. En una de las casas de la plaza de San Ildefonso se creó, en tiempos de Carlos III, la precursora de la Lotería Nacional, que la trajo desde Nápoles. Esta Lotería de Carlos III era parecida a la Primitiva, no a la de Navidad…
Aquí también estuvo uno de los primeros mercados cubiertos de Madrid.
11. Bar El Penta. La Movida Madrileña
En la calle de la Palma, 4, está el corazón de La Movida madrileña. Y, aquí, hemos quedado con FERNANDO EIRAS, guionista y experto en movidas.
El origen de todo lo que significa Malasaña [es] este bar, El Pentagrama, no solo porque aquí venían toda la gente y todos los músicos y todos los artistas que crearon todo aquel movimiento contracultural. Es que sobre todo los músicos que tocaban en El Sol, que era de las pocas salas que había abiertas, al terminar venían para acá y empezaron a generar que empezara a venir gente para aquí.
Pero sobre todo, el Penta fue el primer bar que unió dos conceptos que antes no había, que era discoteca y bar. Tú antes ibas a un sitio y te quedabas en un sitio, salías a un bar triste, te veías el partido de losers, vale, y te ponías de Magno y de Soberano, o te ibas a una discoteca o a una boite y no te movías después de cenar. Sin embargo, el Penta fue pionero en crear el disco bar. El disco bar que significa que podías venir aquí, no bailabas, bailoteabas, copas. Eso significó que podías cambiar de bar, que eso era algo que antes no ocurría.
Podía ser contracultural y meterte contra el gobierno, cosa que era la primera vez en España que ocurría y ocurrió en Madrid. Porque claro, o sea, tú imagínate en el 47 a protestar, en el 52… pero es que tú imagínate en los años 20, tú imagínate en el siglo XIX, ¿sabes? Todo lo que era contracultural estaba en una taberna, estaba oculto, era una conspiración. Exacto, y sin embargo aquí puedes coger y ser descarado.
Lo descarado y el movimiento, la agilidad que te dio, para mí el concepto de discobar es lo que genera que las ideas fluyan muy rápidamente como no había pasado en este país, y entonces surjan muchos movimientos culturales. Por eso yo creo que este es el bar de origen de lo que es el barrio de Malasaña y de lo que se ha convertido y lo que significó en La Movida.
Otras cositas
El pistoletazo de salida de la Movida fue el «Concierto homenaje a Canito» en memoria de José Enrique Cano Leal, difunto batería de Tos (Los Secretos).
12. Plaza del Dos de Mayo
La Plaza del Dos de Mayo. Hoy es una maravillosa placita que da un buen rollo enorme, pero antes… ayyy, antes… El dos de Mayo que le da nombre… en 1808, ya sabéis Napoleón, sus cosicas. Y el pueblo de Madrid diciendo: ¡tche, tche, tche, quieto parao! Dirigen la orquesta estos dos señores. Daoiz y Velarde. Dos capitanes de artillería del Cuartel de Monteleón. Este arco es lo único que nos queda del cuartel.
Pues, en plena grabación, y tirando de galones de director, se me ocurrió que a lo mejor era buena idea que el pueblo de Madrid nos hablara del Dos de mayo. Y esto fue lo que nos contaron:
Claro, el 2 de mayo, cuando echamos a los franceses en 1808, el 2 de mayo fue el levantamiento de Madrid contra los franceses. Fue la resistencia del paso de los franceses por aquí hacia Portugal para controlar la Península ibérica. Queda todavía la puerta esta de aquí, son los restos del cuartel de Monteleón. Pues ahí estaba el cuartel de Monteleón y salió la de Dios cuando la invasión francesa, una resistencia denodada. Al escuchar disparos acudieron gente de estas calles que todas ellas son muy antiguas, el pueblo de Madrid empezó a rebelarse contra los franceses y en el lugar que ocupa la plaza pues estaba aquí edificado este cuartel.
Los capitanes Daoíz y Velarde se batieron el cuero, murieron defendiendo la ciudad, fueron bravos hasta la muerte. Terminó la cosa un poco chunga para los resistentes.
Conozco un poco de Manuela Malasaña, que tiene una calle ahí arriba. Era una chica muy joven, una heroína que da nombre al barrio, Malasaña. Fue la hija de un francés y tiene apellido francés, lo sabía, está bastante envuelta en la leyenda. Manuela Malasaña era un aprendiz de costurera, una ayudante de costurera; trabajaba ahí, trabajaba con tela, tenía unas tijeras, formaba parte de los utensilios que ella necesitaba para trabajar. Unos soldados encontraron a Manuela represada y la condenaron a muerte por llevar una tijera, pareció como un arma, la mataron.
La leyenda cuenta que ella se defendió de los franceses pues a tijeretazo limpio. Yo creo que eso fue lo que prendió la mecha para que la ciudad, para que la gente empezara a rebelarse contra una invasión que no estaban dispuestos a soportar. Claro que estamos orgullosos de ello, que es una ciudad donde el que llega es de Madrid.
Bueno, entonces estos son Daoíz y Velarde. Pero, ¿tú sabes quién es quién?