Más allá del puente suenan las risas

Ana Caballero publicó el 23 de marzo esta crítica, en el Fanzine Radares.

Hay tantas formas de empezar una relación como posibles sitios en los que conocer a una persona con la que compartir el resto… No. Eso de compartir el resto de tu vida ya no se lleva; si acaso el resto de la semana, el resto del mes o (apuntando alto) el resto del año. En cualquier caso lo más usual es conocer a esa otra persona en sitios tan tópicos como el lugar de trabajo, el bar de copas o el transporte público. Por eso, conocerla en lo alto de un puente cuando está a punto de tirarse a lo Rose DeWitt Bukater resulta más cómico que romántico. De ahí que el sobrenombre de la obra que protagonizan Santi Millán y Marta Torné en el Teatro Lara sea el de ‘una comedia casi romántica’.

Los dos protagonistas de Más allá del puente no coinciden prácticamente en nada. Pero en una cosa sí que están de acuerdo: la forma más práctica y más tradicional para quitarse la vida después de un desengaño amoroso es lanzarse desde lo alto de un puente. Aún así, ninguno de los dos estaba muy convencido y después de conocerse deciden pensárselo mejor. Nada mejor que un clavo para sacar otro clavo, aunque es posible que estos personajes necesiten una alcayata para borrar todos los temores y complejos que les dejaron sus anteriores parejas.

Con mucho, muchísimo humor y a través de cómicas situaciones cotidianas, David Botello como autor y Roger Gual como director nos cuentan las diferentes fases de una relación llena de caóticos desórdenes. Sobre el escenario, no sólo la interpretación de los actores es importante. Lo es también el aplaudible empleo de recursos, tales como la interacción con el público, el uso de proyecciones y la elección de pegadizos temas musicales, que refuerzan y dan un toque fresco al espectáculo.

Se hace obligatorio advertir de que el guión está más enfocado a provocar la carcajada rápida que a contar una historia estructurada de la que se pueda sacar alguna moraleja. No obstante, la risa también es una emoción, y si hay que juzgar la obra por la reacción del público basta con decir que sus risotadas constantes, de las que en muy buena parte es responsable la hilaridad que Santi Millán despierta sin ni siquiera usar palabras, dificultan en más de una ocasión sumergirse en la representación.

Pero más allá de los recursos audiovisuales, más allá de los huecos del guión y más allá de las risas, Más allá del puente es una de esas historias sencillas sobre las cosas sencillas que a todos nos ocurren alguna vez; y que hacen que, desde la butaca, nos veamos reflejados en la escenografía de una casa que bien podría ser la nuestra y en unos personajes que bien podríamos ser nosotros.

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