No teníamos prisa. Una llovizna fina sacaba brillo a los adoquines de la plaza Mayor. Una pareja se dejaba llevar por los lugares comunes besándose bajo una farola. Un mexicano afincado en Madrid explicaba a su familia los dibujos de la Casa de la Panadería. Candela me cogía de la mano, lo descubría todo con sus ojosSigue leyendo «El arte de la sonrisa»