Notas teóricas I. El lenguaje

Podría decirse que el primer boceto del texto nació como parte de un proyecto personal de experimentación teórica de las posibilidades expresivas del lenguaje teatral. En ese sentido, lo que pretende Más Allá del Puente es sacar jugo a todas esas posibilidades. Viniendo del mundillo audiovisual, la primera pregunta que me hice fue: ¿qué puede aportar el teatro que no tenga la tele o el cine?

La mejor respuesta que se me ocurrió fue que uno de los elementos fundamentales que juegan en el teatro es el lenguaje.

Creo en la palabra como vehículo emocional, como elemento expresivo, como atrezzo de los sentimientos. Por eso, por ejemplo, me gustan los tacos y las onomatopeyas, porque son un elemento expresivo maravilloso, que conecta bien con ciertas emociones y aporta cierto sentido del humor. Pero como no solo de tacos y onomatopeyas vive el hombre, aquí os dejo un aperitivo de Pablo Neruda, que explica todo esto de la palabra mucho mejor que yo.

LA PALABRA

…Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados.. Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces. son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes. ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció… Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recentísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.

 

El teatro y la poesía siempre han ido de la mano. Si es cierto lo que nos cuentan, el teatro nació en verso. Y sin ánimo de comparar (evidentemente), ahí tenemos a Shakespeare, Lorca, Valle-Inclán, Tennessee Williams… que han sembrado de poesía los escenarios.

Ahí va otra joyita, firmada por Tennesse Williams.

NOTAS DEL AUTOR PARALA REPRESENTACIÓN DE EL ZOO DE CRISTAL

Como El zoo de cristal es una «comedia de recuerdos», se la puede representar con una insólita liberación de todo convencionalismo. Dado su material, muy delicado o tenue, las pinceladas de ambiente y las sutilezas de dirección desempeñan un papel particularmente importante. El expresionismo y todas las demás técnicas no convencionales del teatro tienen un solo objeto válido, y es un mayor acercamiento a la verdad. Cuando una pieza emplea técnicas no convencionales, no trata —o, ciertamente, no debiera tratar— de eludir su responsabilidad de habérselas con la realidad o de interpretar la experiencia; pretende o debe pretender al menos hallar un ángulo de enfoque más próximo, una expresión más penetrante y vívida de las cosas tales como son, o por lo menos intentarlo. La comedia francamente realista, con su heladera auténtica y sus cubos de hielo auténticos, con sus personajes de lenguaje idéntico al de su público, se corresponde con el paisaje académico y tiene las virtudes de una semejanza fotográfica. Todos deben conocer ahora la intranscendencia de lo fotográfico en el arte; y saber que la verdad, la vida o la realidad son algo orgánico que la imaginación poética sólo puede representar o sugerir, en esencia, mediante la transformación, la transmutación en otras formas que las existentes simplemente en su apariencia.

Estas observaciones no deben considerarse sólo un prefacio a esta comedia en particular. Se vinculan a una concepción de un teatro nuevo y plástico, que debe sustituir al agotado teatro de los convencionalismos realistas si se quiere que el arte dramático recobre su vitalidad como parte integrante de nuestra cultura.

 

Sin estar de acuerdo en lo de la “intrascendencia de lo fotográfico” (al fin y al cabo, es otro elemento expresivo más que el teatro puede aprovechar), sí lo estoy cuando habla de las “técnicas no convencionales” como mayor acercamiento a la verdad, y que la vida solo se puede representar (yo añadiría “sobre un escenario”), en esencia, mediante la transformación de su apariencia.

No recuerdo donde leí decir a Lorca que su teatro presenta un realismo que trasciende a través del lenguaje poético. O que sus tres dramas rurales son una conjugación de mito, poesía y realidad (en los dos casos cito de memoria). Siempre la poesía, el lenguaje poético, como elemento teatral para llevar la verdad a un escenario. 

En definitiva, estoy convencido de que las posibilidades expresivas del teatro pasan por una cierta experimentación con el lenguaje. Si el lenguaje sirve como vehículo de las emociones, y queremos que las emociones fluyan sobre el escenario, la mejor manera de conseguirlo es lograr que el lenguaje se filtre (teatralmente) desde varios niveles: desde un nivel coloquial para los momentos cotidianos, hasta un momento poético para los momentos dramáticos. Del taco a la poesía.

Conozco el miedo que había a caer en lo pretencioso. Pero sigo echando de menos en el montaje esos momentos poéticos que estaban en el texto y que han desaparecido. Estoy seguro de que si se hubiera mantenido el lenguaje estilizado de los parlamentos con mayor intensidad dramática, la obra tendría una capa más, un regustillo tragicómico que daría más colores a la paleta. Los momentos poéticos ayudan a la sensación de montaña rusa emocional del texto, ayudan a la creación de unos personajes más ricos e imprevisibles y, a la larga, podrían ayudar a los actores a que su interpretación sea más rica en matices.

Casi ná.

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